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Región

Violencia de género en Ricardo Rojas: cayó por romper la orden y hacerse el distraído

La novela judicial terminó peor que final de serie cancelada. En Ricardo Rojas, la Justicia dictó prisión preventiva para Luis Quilchamal, un hombre que ya había sido condenado por amenazas con arma de fuego y violencia de género, pero que decidió ignorar la prohibición de acercamiento como si fuera “términos y condiciones” de una app. El juez Mauro Soza avaló la detención mientras se analiza la revocación de su condena condicional.

Una condena previa y una regla que duró menos que batería de celular viejo

El caso volvió a sacudir a la pequeña localidad chubutense después de que la fiscalía de Sarmiento pidiera la prisión preventiva de Quilchamal por el delito de desobediencia. Según el informe judicial, el acusado incumplió una orden de prohibición de acercamiento y contacto con la víctima, una de las reglas que debía cumplir tras haber sido condenado en abril de 2025.

Porque sí: no era alguien “sin antecedentes”. El 25 de abril de 2025 ya había recibido una pena de dos años de prisión en suspenso y tres años de reglas de conducta. Todo eso luego de reconocer su responsabilidad en delitos gravísimos: amenazas agravadas por el uso de arma de fuego en contexto de violencia de género, resistencia a la autoridad y portación ilegal de arma de fuego.

Pero parece que la idea de respetar límites le duró menos que helado al sol patagónico.

Durante la audiencia de control de detención, el funcionario de fiscalía Matías Ayuzo recordó que una de las condiciones más claras de la sentencia era no acercarse ni contactar a la víctima por ningún medio. Nada ambiguo. Nada difícil de entender.

Sin embargo, el jueves 14 de mayo, una funcionaria del Ministerio de la Defensa Pública presentó un escrito en el Juzgado de Familia denunciando el incumplimiento de esa medida. Ahí se activó el pedido de detención por parte de la fiscalía y la Policía de Ricardo Rojas avanzó con el operativo.

El pedido de prisión preventiva y la discusión judicial

La procuradora Luciana Coppini expuso además la situación de vulnerabilidad que atraviesa la víctima y solicitó que se revoque el beneficio de la condena condicional. Según explicó, esa definición deberá tomarla el juez Ariel Quiroga, quien dictó la sentencia original.

Mientras tanto, pidió que Quilchamal permanezca detenido bajo prisión preventiva hasta que exista una resolución definitiva. Y el juez Mauro Soza aceptó el planteo.

Desde la defensa pública intentaron evitar la preventiva proponiendo arresto domiciliario. Argumentaron que el acusado tiene arraigo en la localidad de “El Chalía”. Pero el tribunal consideró que el incumplimiento de la orden judicial era suficientemente grave como para sostener la detención.

Porque claro, cuando alguien rompe medidas de restricción en causas de violencia de género, la discusión deja de ser un tecnicismo jurídico y pasa a ser un problema de seguridad real.

El antecedente que había terminado en escándalo

El expediente tiene detrás una escena que parece salida de una película oscura, pero ocurrió en plena Patagonia.

Según la investigación, el 1 de septiembre de 2024, cerca de las 18 horas, Quilchamal ingresó a la vivienda de la víctima, ubicada en la intersección de Julio Argentino Roca y Ricardo Rojas.

Allí sacó un arma de fuego de su cintura, apuntó directamente contra la mujer y lanzó una amenaza brutal: “yo a vos te voy a cagar matando, me tenés cansado, te voy a pegar un tiro en la cabeza”.

La víctima escapó de la vivienda y corrió hasta la comisaría local para pedir ayuda. Lo más insólito —y aterrador— vino después.

El momento más tenso: apareció hasta en la comisaría

Mientras la mujer denunciaba el episodio ante una cabo de policía, el agresor llegó también a la dependencia policial. Sí, literalmente apareció en la comisaría mientras ella pedía protección.

Según consta en la causa, Quilchamal dijo que había ido a buscar a su ex pareja y le ordenó: “¿qué hacés vos acá? andá para la casa”.

Como si eso no alcanzara, intentó llevársela por la fuerza tomándola del cabello frente a los efectivos policiales.

Ahí intervino el personal de la comisaría, que logró reducirlo y detenerlo. Durante el procedimiento descubrieron que llevaba un arma de fuego entre sus prendas.

Una escena que en cualquier pueblo genera conmoción inmediata. Porque en localidades pequeñas como Ricardo Rojas, donde todos se conocen, los casos de violencia de género suelen tener un impacto social enorme y dejan a la comunidad hablando durante semanas.

Violencia de género: una problemática que sigue golpeando en Chubut

El caso volvió a poner sobre la mesa una discusión incómoda en toda la provincia: qué pasa cuando las restricciones judiciales se incumplen y las víctimas siguen expuestas.

En ciudades como Comodoro Rivadavia, Trelew o Puerto Madryn, las denuncias vinculadas a violencia de género vienen ocupando cada vez más espacio en la agenda pública. Y aunque existen medidas de protección, muchas veces el gran problema aparece cuando esas órdenes judiciales son ignoradas.

Según informes nacionales difundidos por Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad en los últimos años, una parte importante de los agresores reincide en conductas de hostigamiento o incumplimiento de restricciones. Y ahí es donde la prevención empieza a hacer agua más rápido que caño congelado en invierno patagónico.

En redes sociales, además, muchos usuarios suelen cuestionar la efectividad de las perimetrales cuando no existen controles permanentes. Una discusión incómoda, pero cada vez más presente.

Por ahora, Quilchamal seguirá detenido hasta que el juez de ejecución defina si revoca definitivamente la condena condicional. Mientras tanto, en Ricardo Rojas el caso sigue generando ruido. Porque cuando alguien ignora una orden judicial en una causa de violencia de género, ya no alcanza con hacerse el distraído.

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