Un policía de la localidad de Esquel que quiso hacer de villano de película terminó con la ficha marcada: Juan Emilio Llaipén fue condenado por amenazar a un detenido y obligarlo a firmar un formulario necesario para transferir la propiedad de un vehículo. Spoiler: no terminó bien.
El tribunal mixto (dos ciudadanos + tres jueces profesionales, el Dream Team de la justicia) no se anduvo con vueltas: “El uniforme, el arma y las facultades de uso de la fuerza están para otras cosas, no para extorsionar”, dijo uno de los jueces, dejando clarito que un funcionario público tiene que dar el ejemplo, no ser el malo de la película.
📌 Prisión preventiva: a pedido de la fiscal María Bottini (y contra el intento de la defensa de zafar), Llaipén quedó 6 meses detenido o hasta que la sentencia quede firme. El tribunal revisor le dijo “no, gracias” a cualquier intento de revisión: sigue en cana.
Por qué la condena pegó fuerte
Abuso de poder: el tipo era policía, estaba en la comisaría y la víctima recién había llegado, solo, sin margen de maniobra… situación perfecta para intimidar.
Arma reglamentaria en mano: la sacó y la mostró para meter miedo. Bonus track: después la entregó a otro uniformado, pero el daño ya estaba hecho.
Como punto a favor de Llaipén (si se puede llamar así): no logró la transferencia de la camioneta, así que la víctima no perdió un mango y el perjuicio económico fue cero. Pero bueno… la lección quedó: no podés usar la ley y la chapa para ser tu propio villano.
En resumen: uniforme no es capa, pistola no es varita mágica y cárcel es real. El mensaje del tribunal quedó clarito para todos los que todavía creen que pueden jugar a “hacer justicia por su cuenta”.

