Crónica de una caída anunciada. Garbarino empezó a bajar las persianas de sus últimos locales y ya casi no queda rastro de lo que supo ser una de las cadenas más fuertes del país.
La tienda online ya no funciona y el stock que queda se liquida en las sucursales que todavía siguen abiertas por poco tiempo.
El contraste es brutal: de tener presencia en todo el país con cientos de locales y miles de empleados, hoy la empresa sobrevive con apenas 18 personas.
Mientras tanto, la quiebra sigue su curso en la Justicia, con acreedores anotándose para ver qué pueden recuperar. Y en el medio, una incógnita clave: qué pasará con la marca, que todavía tiene peso propio y podría sobrevivir, aunque la empresa ya no.
Porque sí, el nombre sigue valiendo. Pero el negocio… ese ya es historia.

