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Comodoro Rivadavia

Pacto de silencio y 8 allanamientos en Comodoro: Buscan a los asesinos de la chofer de Uber

La Brigada de Investigaciones copó cuatro barrios de la zona sur tras el último crimen de la Séptima. La víctima fue atacada tras dejar a un pasajero y su novio —un conocido delincuente con frondoso prontuario— se niega a tirar data desde el hospital.

La zona sur se convirtió en el epicentro de una fuerte movida policial. Tras el último homicidio que sacudió la jurisdicción de la Seccional Séptima, la Brigada de Investigaciones metió un bombazo operativo y metió ocho allanamientos en simultáneo en los barrios Máximo Abásolo, San Cayetano, Abel Amaya y el Barrio M. Aunque se llevaron elementos clave para armar el rompecabezas del caso, el reloj corre y todavía no hay ningún detenido. La cana se plantó firme, pero el laburo viene cuesta arriba por un factor clave: el silencio de la calle.

La segunda jefa de la Brigada, Daniela Millatruz, confirmó que la Justicia les dio luz verde para todos los operativos que pidieron. Sin embargo, los investigadores se toparon con un muro insólito dentro del propio hospital: el novio de la víctima y testigo directo del ataque decidió cerrarse y no aportar un solo dato a la causa.

El misterio del último viaje y el rastreo de cámaras

La reconstrucción del crimen tiene un punto de partida claro, pero un desenlace borroso. La policía confirmó que la mujer se ganaba la vida laburando con la aplicación Uber. El ataque letal ocurrió justo después de que terminara uno de sus viajes, cuando todavía estaba arriba del auto.

El gran desafío de los sabuesos de la Brigada ahora es el mapa. Para saber dónde la emboscaron exactamente, los peritos están metidos de lleno en las pantallas:

  • Análisis de cámaras: Están revisando tanto los domos públicos como los sistemas de seguridad privados de la zona sur.

  • Recorridos digitales: Buscan trazar la ruta exacta que hizo el vehículo desde que dejó al último pasajero hasta que se desató el horror.

«Código de barras»: El novio prefiere no hablar

El principal obstáculo de la causa no está en las pruebas físicas, sino en los testimonios. El tipo que llegó corriendo a la Seccional Séptima a pedir auxilio, un ciudadano de apellido Uribe, era la pareja de la víctima. Habían vuelto hace poco tiempo, pero cuando la Brigada fue a entrevistarlo al hospital para acelerar la investigación, el tipo se plantó en modo «anti-gorra».

«Tratamos de hablar con él para recabar información, pero por el momento no tenemos la buena predisposición de este ciudadano», tiró Millatruz, dejando en claro la frustración de la fuerza.

El silencio de Uribe tiene una explicación que la policía conoce de memoria: el tipo es un viejo conocido en las comisarías de Comodoro, con un prontuario cargado de causas judiciales, en su gran mayoría por robos en casas.

A pesar de que el entorno prefiere callar, en la Brigada confían en que el material secuestrado en los ocho allanamientos y el cruce de datos tecnológicos van a dar frutos rápido. La orden de detención para los responsables podría saltar en cualquier momento de las próximas horas.

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