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Homicidio Quilodrán: juicio con 30 testigos y un relato brutal

El homicidio de Pedro Quilodrán en Ricardo Rojas vuelve al centro de la escena judicial: este martes avanzó la audiencia preliminar contra Carlos Llaipen, acusado de un crimen agravado. La Fiscalía ya puso sobre la mesa más de 30 testigos y pruebas clave para el juicio por jurados. Un caso duro, con detalles que siguen helando la sangre en la región.

El homicidio Quilodrán sigue sumando capítulos y no precisamente livianos. En la sala de audiencias N°1 de la Oficina Judicial de Sarmiento, se desarrolló la segunda parte de la audiencia preliminar contra Carlos Omar Llaipen, de 66 años, imputado como autor de homicidio doblemente agravado.

¿Traducción sin tecnicismos? Lo acusan de haber matado con alevosía y usando un arma de fuego. O sea, un combo penal pesado.

El equipo fiscal, encabezado por Andrea Vázquez junto a Rita Barrionuevo y el funcionario Alexis Ubilla, pidió autorización para llevar al juicio a más de 30 testigos. Sí, treinta. No es poca cosa: habla de un caso con mucha tela para cortar.

Por el otro lado, la defensa, a cargo del abogado Guillermo Iglesias, también jugó sus cartas: ofreció testimonios propios y se opuso a que se incorporen algunas pruebas documentales.

El juez Alejandro Rosales ahora tiene la pelota. El próximo lunes va a comunicar si el caso avanza a juicio oral y público bajo modalidad de jurado popular.


El crimen de Quilodrán: una escena que no cierra

El homicidio Quilodrán ocurrió el 16 de marzo de 2025, en la estancia “La Fuencisla”, a unos 50 kilómetros de Ricardo Rojas. La víctima, Pedro Segundo Quilodrán, tenía 43 años y trabajaba como peón rural.

Ese día arrancó como cualquier otro. A las 8 de la mañana se despidió de su esposa y de uno de sus hijos. Ellos se quedaron en la casa del campo, esperándolo. Él salió a trabajar junto a otros tres compañeros.

La tarea era clara: buscar y arrear yeguas y caballos salvajes. Nada fuera de lo habitual en la vida rural.

Pero el día no terminó como debía.


Una tarde que terminó en tragedia

El homicidio Quilodrán se concretó cerca de las 20:00. Según la reconstrucción, el trabajador se movía en una moto tipo cross, siguiendo rastros de los animales.

En ese recorrido, ingresó en una zona del campo donde vive el acusado, Carlos Llaipen. Un área no delimitada con claridad.

Ahí es donde, según la investigación, todo se rompe.

Los fiscales sostienen que Llaipen utilizó un rifle con mira telescópica y disparó desde una distancia de entre 10 y 50 metros. La autopsia confirmó que el proyectil impactó en el lado derecho del tórax.

No hubo asistencia. No hubo intento de ayudar.

El cuerpo quedó tirado en el campo.

Y lo que sigue es difícil de leer sin fruncir el ceño: el acusado habría vuelto a su casa, prendido la cocina a leña y esperado hasta el día siguiente. Como si nada.


La búsqueda desesperada y el hallazgo

El homicidio Quilodrán empezó a tomar forma para sus compañeros cuando dejaron de verlo. La última vez había sido el domingo a las 18:30.

Esa noche lo buscaron hasta la medianoche. Campo abierto, oscuridad y preocupación. Nada.

Al día siguiente retomaron la búsqueda. Iban en camioneta hacia la estancia “La Piedra Gaucha” cuando uno de ellos, usando binoculares, vio la moto.

Ese momento, ese segundo, cambia todo.

Se acercaron y encontraron el cuerpo sin vida de Quilodrán. Avisaron de inmediato a la policía y al personal de salud de Ricardo Rojas, que confirmaron el fallecimiento.

Y ahí aparece otro dato que deja helado el ambiente.


La frase que quedó resonando

Minutos después del hallazgo, Carlos Llaipen llegó caminando al lugar, acompañado por uno de sus perros.

Según consta en la causa, dijo: “Yo le pegué un tiro en el pecho con una carabina”.

Sin rodeos. Sin filtro.

Y no quedó ahí. También habría advertido a otro peón: “y vos cuídate, porque te va a pasar lo mismo”.

Una escena que parece sacada de una película, pero que pasó en un campo de la región.


Detención y lo que viene en el juicio

Desde el 19 de marzo de 2025, Llaipen permanece detenido con prisión preventiva en la comisaría de Sarmiento. Y ya hay acuerdo entre las partes: seguirá detenido hasta que termine el juicio.

El homicidio Quilodrán será juzgado bajo la modalidad de juicio por jurados, convirtiéndose en el cuarto caso de este tipo en la circunscripción judicial de Sarmiento.

Para entenderlo fácil: ciudadanos comunes, elegidos al azar, van a decidir si el acusado es culpable o no. Un jurado de 12 personas que define los hechos, mientras un juez conduce el proceso y fija la pena.

Es un sistema que busca imparcialidad, pero que también pone el foco en algo clave: que la sociedad participe en decisiones pesadas.


Un caso que golpea más allá del expediente

El homicidio Quilodrán no es solo un expediente judicial. Es una historia que pega fuerte en la ruralidad, en esos trabajos donde la soledad y las distancias son moneda corriente.

Un peón que salió a trabajar y no volvió.

Un crimen con elementos que generan más preguntas que respuestas.

Y un juicio que promete ser seguido de cerca, no solo en Sarmiento, sino en toda la región.

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