La Policía de Chubut salió a poner paños fríos tras una serie de rumores que indicaban Mariela Altamirano y Michel González, los imputados por el crimen del niño de 4 años, hayan sido atacados mientras cumplían prisión preventiva. Ella, en el Instituto Penitenciario Provincial (IPP) y él, en la alcaidía de Comodoro.
El segundo jefe de la Unidad Regional, Cristian Mulero, fue claro: “desde el momento en que González fue trasladado desde la Seccional Mosconi a la Alcaidía, se tomaron todos los recaudos necesarios para mantenerlo aislado”, explicó, remarcando que la medida fue solicitada por la defensa debido a la gravedad del caso.
Según detalló, González está alojado en un sector separado, bajo custodia permanente y sin contacto con otros internos. Incluso las salidas al patio se realizan en horarios diferenciados. “No corre peligro su vida”, aseguró.

Mulero también explicó que dentro del sistema carcelario existen pabellones específicos para este tipo de delitos. ¿El motivo? Una especie de “código interno” entre presos, donde no faltan los que intentan hacer justicia por mano propia. Por eso, la separación no es un privilegio, sino una medida de seguridad.
En cuanto a Mariela Altamirano, la situación es similar. La mujer está detenida en el Instituto Provincial Penitenciario, en un pabellón aislado y sin contacto con el resto de las internas.
El traslado, además, responde a una limitación concreta: en Comodoro no hay espacios adecuados para alojar mujeres detenidas, salvo en Rada Tilly, donde la capacidad es mínima.
Mientras la causa avanza, desde la Policía insisten en lo mismo: más allá del impacto del caso, el objetivo es garantizar la integridad de todos los detenidos. Porque en la cárcel, cuando corre la bronca, el riesgo también juega fuerte.

