Los datos oficiales no mienten: en 2025 se hicieron 2.138 cirugías menos que el año anterior. Con el sistema de turnos colapsado y un solo lugar para toda la ciudad, la sobrepoblación animal se está volviendo inmanejable.
Los datos oficiales del municipio no mienten: en 2025 se hicieron 2.138 cirugías menos que el año anterior. Con el sistema de turnos colapsado y un solo lugar para toda la ciudad, la sobrepoblación animal se está volviendo un problema imposible de manejar.
La situación del control de perros y gatos en Comodoro Rivadavia llegó a su límite. Según los registros estadísticos del servicio veterinario municipal, el 2025 cerró con apenas 4.980 castraciones, una caída fuertísima frente a las 7.118 que se habían logrado en 2024. Esta reducción no es solo un número frío en una planilla de transparencia, sino que representa un golpe directo a la salud pública de todos los vecinos.
Mientras que en 2024 el ritmo de trabajo en los meses de invierno permitía proyectar un crecimiento, el año pasado la dinámica se pinchó y nunca llegó a compensar el déficit anual, a pesar de un leve repunte en septiembre. Aunque la mayoría de las intervenciones siguen siendo para felinos y hembras, la escala actual es totalmente insuficiente para una ciudad con la extensión y la densidad poblacional de Comodoro.

La raíz de este bajón está en un sistema lleno de fallas estructurales que parece diseñado para que no castres a tu mascota. Hoy existe una centralización extrema con un solo puesto para toda la ciudad, lo que obliga a la gente de los barrios más alejados a trasladar animales grandes a través de distancias larguísimas. A esto se suma una burocracia de turnos que atrasa: hay que ir un solo día de forma presencial y fumarse filas interminables que dejan afuera a cualquier persona que tenga que trabajar y no pueda faltar a sus obligaciones.
Si no se controla la cantidad de animales, las consecuencias nos terminan rebotando a todos en la cara. Más perros y gatos sin control sanitario en la calle significa que circulan más enfermedades como rabia o sarna, además de parásitos que afectan principalmente a los chicos en las plazas. También suben los accidentes de tránsito y el riesgo de ataques a peatones. Por si fuera poco, el impacto ambiental es un desastre: heces acumuladas en la vía pública y bolsas de basura rotas por animales con hambre que terminan tapando los desagües pluviales.
Ante este escenario, grupos de proteccionistas exigen que se active ya mismo el Programa de Equilibrio Poblacional (PEP). La idea es que el servicio sea realmente masivo, gratuito y que el quirófano llegue a cada barrio de forma descentralizada. Para frenar esta explosión de nacimientos, la única salida técnica es castrar al menos al 20% de los perros y gatos por año con turnos accesibles por teléfono o internet. Si el Estado no entiende que la castración es una inversión en salud y no un gasto, Comodoro se encamina a una crisis sanitaria que va a ser muy difícil de revertir.

