No es déjà vu, aunque lo parezca. El robo en Stella Maris volvió a golpear al mismo predio comunitario, y esta vez con más daño y más indignación.
Según relató Héctor Echaniz, el hecho ocurrió el lunes, durante la noche o madrugada. Pero recién cerca de las 9 de la mañana se dieron cuenta del desastre: habían entrado otra vez al módulo donde guardan la mercadería.
“Entraron de vuelta”, dijo, con ese tono de resignación que mezcla bronca y cansancio.
Y no es para menos.
Se llevaron la merienda de los chicos (sí, eso también)
El dato que más duele no es solo el robo en sí, sino qué se llevaron.
No estamos hablando de lujos ni cosas “revendibles top”. Se llevaron comida básica: harina, azúcar, té, mermelada. También paquetes de masitas que estaban guardados para las meriendas que se dan de lunes a jueves.
Sí, las meriendas de los chicos.
“Teníamos cajas con stock de masitas para los chicos y se llevaron eso”, contó Echaniz. Y ahí es donde el tema deja de ser solo inseguridad y pasa a ser otra cosa más pesada.
Porque ese espacio no es un negocio. Es un lugar de contención.
Robo en Stella Maris y destrozos: no dejaron nada sano
Como si no alcanzara con llevarse la comida, los delincuentes también fueron por los materiales.
Se llevaron hierro —unos cuatro o cinco paquetes—, la malla que se usaba para el contrapiso y hasta un portón de la canchita. Sí, el portón.
Además, rompieron instalaciones que habían sido arregladas hace nada. Entre ellas, la puerta del vestuario del árbitro, que había sido reparada la semana pasada.
Un combo completo: robo + daño.
Y para cerrar el combo, también rompieron parte del alambrado perimetral para poder escapar con todo lo que cargaron. Más organizado que improvisado, digamos.
Inseguridad en Stella Maris: cuando roban lo que es de todos
El robo en Stella Maris no es un hecho aislado. Es el segundo que sufre este espacio comunitario. Y eso ya cambia el tono de la conversación.
“No es la primera vez, ya es la segunda. Esta situación cansa, ya no se sabe qué hacer”, expresó Echaniz.
La frase es simple, pero resume todo: agotamiento. Porque no es solo perder cosas materiales. Es perder recursos que se consiguen con esfuerzo, con donaciones, con vecinos que aportan lo que pueden.
“Esto no es mío, no es de la comisión, es para los chicos”, remarcó. Y ahí está el punto.
Campaña urgente: cerrar el predio para que no vuelvan a entrar
Ante este panorama, el grupo decidió pasar a la acción. Porque esperar que no vuelva a pasar… ya no parece opción. Actualmente están impulsando una campaña para cerrar el predio y evitar nuevos robos.
¿El objetivo? Conseguir bloques para levantar un cierre más seguro.
“Estamos pidiendo bloques para poder cerrar todo y que no pase más esto”, explicó.
La respuesta de algunos vecinos ya empezó a aparecer: donaciones de tres, cuatro, cinco bloques. Poco para algunos, mucho para otros.
Pero todavía falta. También reciben aportes económicos o materiales. Todo suma en un contexto donde cada recurso cuenta.
La denuncia ya fue realizada y la policía está trabajando para identificar a los responsables. El problema: hasta ahora no hay testigos ni información concreta.
Nadie vio nada. Nadie escuchó nada. Nadie sabe nada. Mientras tanto, el robo en Stella Maris queda en esa zona gris donde pasó todo… pero no hay pistas claras.
La merienda sigue (aunque sea con lo que quedó)
En medio de todo esto, hay una decisión que dice mucho más que cualquier discurso. La merienda no se suspende.
“Igual vamos a hacerlo con lo poquito que quedó y después veremos cómo reponer lo que falta”, aseguró Echaniz.
Traducido: aunque falte, se sigue. Porque para los chicos, ese espacio no es opcional. Es importante. Y eso es lo que más duele de todo este robo.
Fuente: ABCDiario
