En Puerto Madryn ya son parte del paisaje: aparecen en bandadas, hacen ruido al amanecer y al atardecer y hasta provocaron cortes de luz al posarse sobre cables y postes. Pero ojo: los loros barranqueros no llegan a la ciudad porque quieran, sino porque se están quedando sin monte.
Así lo explican investigaciones del CONICET, que vienen siguiendo a la especie desde hace más de 25 años. Según los especialistas, la expansión agropecuaria y los grandes incendios en zonas de Río Negro y el sur bonaerense destruyeron buena parte de la vegetación nativa que les daba alimento y refugio.
“Los loros no prefieren estar en las ciudades. Llegan porque ya no encuentran dónde vivir”, explicó el investigador Alejandro Gatto, del CESIMAR-CONICET.
En su ambiente natural, estas aves duermen entre arbustos espinosos que las protegen de depredadores. En la ciudad, reemplazan esos refugios por postes de luz, cables y árboles altos, lo que explica su fuerte presencia en zonas urbanas.
Además, su dieta natural —hojas, brotes y frutos del monte— es clave para su salud. Cuando ese alimento falta, recurren a cultivos o restos vegetales, una opción mucho menos nutritiva.
Aunque parezca que hay “más loros que nunca”, los estudios indican que la especie perdió cerca del 40% de su población histórica. Hoy se los ve más porque están concentrados en menos lugares.
Desde el CONICET advierten que la situación podría mejorar si se recupera la vegetación afectada por los incendios, aunque será un proceso lento. Mientras tanto, todo indica que vamos a seguir conviviendo con los loros barranqueros durante varios años más.
Fuente: Conicet

