Si alguien esperaba un boom turístico o al menos un respiro para el sector, spoiler: no pasó. El balance del fin de semana largo en Comodoro fue, según los propios protagonistas, bastante deslucido.
Juan Manuel Fernández, integrante de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica de la Patagonia Central, lo resumió sin vueltas: la actividad estuvo “muy tranquila” y lejos de lo que se esperaba.
El jueves zafó. Hubo algo de movimiento, mesas ocupadas, cierto aire de finde largo. Pero después… silencio incómodo. Viernes, sábado y domingo fueron “muy flojos”. Y no, no es solo percepción: el bajón se sintió fuerte en bares, restaurantes y hoteles.
El viento —ese clásico enemigo local que no perdona— también jugó su partido. Hubo alerta y eso, en Comodoro, es sinónimo de plan cancelado. Nadie quiere salir cuando volás más que las bolsas del súper.
Pero ojo, el problema no termina ahí.
Crisis en gastronomía y hotelería: el problema es más profundo
Más allá del clima, el tema de fondo es otro y viene pegando hace rato. La crisis en gastronomía y hotelería en Comodoro no es solo cuestión de un finde malo.
Según Fernández, el contexto económico nacional influye, pero en la ciudad hay un agravante clave: la caída de la actividad petrolera, que ronda el 30%.
Menos movimiento en el sector petrolero significa menos gente trabajando, menos consumo, menos reservas en hoteles y menos salidas a comer. Todo conectado. Y eso se nota.
Locales con menos clientes, mesas vacías en horarios que antes explotaban, y un centro que ya no tiene el mismo ritmo. La postal cambió, y no para bien.
Caída del consumo: cuando salir a comer se vuelve un lujo
La palabra que más se repite en el sector es “retracción”. Traducción: la gente está gastando menos.
Y eso impacta directo en gastronomía y hotelería. Porque si hay que ajustar, lo primero que se corta es la salida, la cena afuera, el finde de hotel.
Fernández fue claro: ya hay comercios que empezaron a cerrar. Y eso enciende todas las alarmas.
El panorama a corto plazo tampoco pinta fácil. “Se vienen meses duros”, advirtió. Una frase que ya suena conocida, pero que no deja de preocupar.
Mientras tanto, los negocios que siguen abiertos hacen malabares para sostenerse. Pagan impuestos, sueldos, servicios… pero con menos ingresos.
Un combo complicado, por decirlo suave.
Turismo en Comodoro y el desafío de reactivar el centro
Ante este escenario, empiezan a aparecer algunas ideas para intentar revertir la situación. Porque quedarse esperando no es opción.
Una de las propuestas es revisar el sistema de estacionamiento medido (CEM). Algo que antes pasaba desapercibido, hoy pesa.
“Antes no era un problema, ahora sí”, explicó Fernández. Con el bolsillo ajustado, hasta el estacionamiento suma a la decisión de no ir al centro.
La lógica es simple: si ir al centro cuesta más, la gente deja de ir. Y eso afecta directo a bares, restaurantes y comercios.
Por eso, desde el sector plantean generar incentivos para que la gente vuelva. Que el centro recupere algo de movimiento. Que no quede más vacío que promesa de campaña.
Hotelería en Comodoro: atada al petróleo y en números rojos
Si la gastronomía la pelea, la hotelería no se queda atrás… y quizás la tenga aún más difícil.
Históricamente, los hoteles en Comodoro estuvieron pensados para el movimiento petrolero. Trabajadores, técnicos, empresas. Ese era el motor.
Pero si ese motor se frena, pasa lo que está pasando ahora.
La ocupación actual está entre el 30% y 40%. Y para que un hotel funcione de manera sostenible, necesita al menos entre un 45% y 50%.
O sea: están por debajo del mínimo necesario.
Y eso no es un detalle menor. Porque los costos siguen corriendo: salarios, servicios, impuestos. Todo sube, menos la ocupación.
El resultado es un escenario que pone en riesgo la continuidad de algunos establecimientos.
Turismo en Comodoro: entre el viento y la billetera
El combo es claro: menos petróleo, menos consumo, menos gente en la calle. Sumale el viento y tenés el escenario perfecto para un finde largo que pasó sin pena ni gloria.
La crisis en gastronomía y hotelería en Comodoro ya no es una advertencia: es una realidad que empieza a sentirse fuerte.
Y mientras el sector pide medidas para sostenerse, la ciudad parece entrar en modo pausa.
Porque cuando salir a comer se vuelve un lujo y viajar queda fuera del radar, el impacto se siente en todos lados.
Fuente: Diario Crónica

