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Región

Arma en una escuela de Pico Truncado: alumno llevó pistola y apuntó a compañeros

El episodio dejó a toda la comunidad educativa con la ceja levantada y el corazón en la garganta. Un chico de entre 11 y 12 años entró al establecimiento con un arma de aire comprimido (CO2) y, según testigos, la manipuló frente a sus compañeros, incluso apuntándoles.

No fue en un rincón perdido: pasó en el gimnasio, en plena clase de Educación Física. Es decir, en un espacio común, con varios estudiantes presentes y adultos circulando. Ahí fue donde se advirtió la situación.

Un padre contó que su esposa vio todo en primera persona. La escena, lejos de ser una “travesura”, generó preocupación inmediata. Porque no, no es un juguete.

Las familias fueron claras: este tipo de armas puede provocar lesiones graves. Aunque no utiliza pólvora, la presión del CO2 permite disparar balines a velocidades altas. ¿Traducción? Puede dañar tejidos blandos e incluso causar pérdida de la visión si impacta en zonas sensibles como los ojos.

Por eso el enojo no tardó en aparecer. Y tampoco los reclamos.

Entre los pedidos principales, las familias exigen medidas concretas: sanciones efectivas para el alumno involucrado y refuerzo de los controles de ingreso y permanencia en la escuela. Nada de parches. Quieren garantías de que esto no se repita.

Algunos sectores incluso van más allá y no descartan solicitar la expulsión del menor. El argumento es directo: la integridad física del resto de los estudiantes estuvo en riesgo.

En paralelo, especialistas en balística y seguridad remarcan algo clave: las pistolas de aire comprimido no son inocuas. Disparan proyectiles a velocidades elevadas y pueden causar daños irreversibles. No es exageración, es física básica.

Mientras tanto, hay un silencio que incomoda. Hasta el momento, la dirección de la Escuela N.° 40 no emitió un comunicado formal sobre lo ocurrido. Tampoco hubo pronunciamiento del Consejo Provincial de Educación de Santa Cruz sobre posibles medidas administrativas o disciplinarias.

Y ese silencio, en contextos así, hace ruido.

Porque más allá del caso puntual, lo que queda flotando es la pregunta incómoda: ¿qué controles fallaron para que un alumno ingrese con un arma a la escuela?

El episodio también reaviva un tema sensible: la seguridad dentro de los establecimientos educativos. Un espacio que debería ser seguro termina siendo escenario de una situación que, por poco, no escala a algo peor.

Las familias no están pidiendo milagros. Están pidiendo algo bastante básico: que sus hijos puedan ir a la escuela sin miedo.

Fuente: Diario Crónica

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