Valeria Schawb, de 28 años, fue asesinada la noche del martes 13 de enero al costado de la Ruta Nª3, bajo el Cerro Chenque. A pocos días de cumplir un mes del crimen, su familia pide celeridad en la investigación y que quienes la asesinaron, sean identificados para que les caiga todo el peso de la ley.
“Siempre fuimos muy unidas”, contó su hermana Jessica, mientras intenta procesar el dolor y, al mismo tiempo, sostener una pelea para que el caso no se enfríe ni quede en el olvido.

“La Feria Judicial complicó todo”, aseguró y en este marco, destacó que “la Brigada de Investigaciones estuvo muchísimo más presente que Fiscalía. El hecho de que tengan que mandar todo a Bariloche retrasa la causa, aunque me digan que no. No tenemos resultados de ADN, nada”.
El miedo también aparece. Miedo real. “Tengo miedo de que la persona que pudo haber sido se escape. Pasaron cosas que no ayudan: un medio difundió una foto diciendo que era el supuesto autor y después Fiscalía lo desmintió. Eso confunde y perjudica”.
Un lugar sin control, sin cámaras y sin resguardo
Jessica apunta con dureza al contexto en el que ocurrió el ataque. “Es terrible que no haya cámaras en un lugar público que se promociona para hacer deporte. Yo no sabía que vivía gente en el ducto debajo de la ruta. Eso es gravísimo, no se puede permitir”.
También cuestiona la preservación de la escena. “Tres horas después había gente caminando por ahí como si nada. Me gustaría saber por qué no cuidaron el lugar, por qué no quedó un policía”.
“A mi hermana la mataron con mucha maldad”, aseguró Jessica, y recordó que “Tenía planes, proyectos, se esforzaba todos los días para estar mejor”.
El impacto su crimen fue colectivo en la ciudad petrolera. “Esto pasó en pleno centro, en un lugar por donde todos pasamos para trabajar o hacer deporte. Muchas mujeres ahora tienen miedo de salir a caminar”.
Dolor, bronca y seguir
“Todavía estoy en shock”, admite. Y sin romantizar, confiesa el pensamiento más oscuro que la atravesó: “Si no hubiera tenido a mi hijo, capaz me mandaba una cagada”. Lo dice con crudeza, no como amenaza, sino como retrato del dolor extremo. “Mi hermana era todo para mí. Tengo que seguir por mi hijo y por mi mamá”.
Valeria no vuelve. Pero el reclamo sigue. Y resuena en una ciudad que, otra vez, se pregunta qué tan seguros estamos cuando salimos a caminar.
Fuente: Diario Jornada

