La madrugada venía animada en el local comercial Kebab Durum, sobre Francisco de Viedma al 51. Mucha gente, música en vivo y clima de recital barrial. Todo lindo… hasta que a los vecinos se les terminó la paciencia.
Un vecino —que prefirió no dar sus datos— se acercó directamente a la comisaría para denunciar lo que ya era imposible de ignorar: ruido fuerte, instrumentos sonando y cero chance de dormir.
Y claro, a esa hora, cualquier batería suena como si estuviera tocando en tu pieza.
Ruidos molestos: llegó la policía y bajó la música
Cuando la comitiva policial llegó al lugar, la escena era clara: gran cantidad de personas y una banda local tocando al aire libre. No era un parlante bajito con playlist tranqui. Era show en vivo, con todo lo que eso implica.
El problema no era solo el volumen. Al verificar la habilitación comercial del lugar, se constató que el local no estaba autorizado para realizar ese tipo de evento.
O sea: fiesta sí, pero en modo “fuera de regla”.
Ruidos molestos en Comodoro: multa y final anticipado
Ante la irregularidad, se dio aviso al área de Control Urbano Operativo. Desde ahí enviaron a personal de habilitaciones comerciales, que llegó al lugar y labró la multa correspondiente.
La infracción fue encuadrada como “espectáculo público no autorizado”. Traducido: no podés armar un recital así nomás.
El procedimiento fue rápido y sin vueltas. Se dispuso el cese de la actividad y el retiro total de las personas del lugar.
Desalojo total: se apagó la música
La fiesta se terminó antes de lo previsto. Los asistentes comenzaron a retirarse y el local quedó vacío en cuestión de minutos.
Nada de disturbios ni resistencia. Todo dentro de lo esperado: bajaron la música, levantaron el show y cada uno a su casa.
A las 03:50, la intervención policial ya estaba finalizada. Sin mayores complicaciones, pero con una multa que seguro va a doler más que el volumen de los parlantes.
Ruidos molestos en Km3: el clásico conflicto
Este tipo de situaciones no es nuevo en Comodoro. Los ruidos molestos —sobre todo con música en vivo— generan roces constantes entre locales nocturnos y vecinos.
Por un lado, la movida cultural y nocturna que busca crecer. Por el otro, gente que quiere dormir sin tener un recital gratis en la ventana.
El equilibrio no es fácil. Pero hay algo básico: si no está habilitado, no se hace.
Entre la fiesta y la norma
El caso de Km3 deja algo claro: no alcanza con tener gente y ganas de tocar. Hace falta cumplir con las reglas.
Porque si no, el final suele ser siempre el mismo: policía, multa y luces apagadas antes de tiempo.
