Las estafas a jubilados no son nuevas, pero se actualizan como el celular: cambian el formato, no la intención. Ahora el anzuelo son supuestos anuncios de obras sociales que prometen renovaciones express, beneficios exclusivos y descuentos que suenan demasiado bien para ser verdad. Y, como suele pasar, no lo son.
El Ministerio Público Fiscal, a través de la Fiscalía Especializada en Cibercrimen y Evidencia Digital, alertó a la comunidad por estas maniobras que circulan principalmente en redes sociales y grupos de WhatsApp. El target está claro: personas jubiladas, muchas veces menos familiarizadas con los mecanismos digitales y más propensas a confiar.
El mecanismo es simple, casi de manual. Publican un anuncio falso, alguien hace clic o responde, y del otro lado aparece un supuesto “asesor” con tono amable y apurado. Ahí empieza el festival de pedidos: datos personales, fotos del DNI, códigos que llegan por mensaje de texto y, en algunos casos, información bancaria. Red flag gigante, pero no siempre evidente para quien está del otro lado.
Cómo operan las estafas a jubilados (y por qué funcionan)
Las estafas a jubilados juegan con dos cosas muy concretas: la necesidad y la urgencia. La promesa de mejorar un plan de salud o acceder a un descuento toca una fibra sensible. Y el apuro —“tenés que hacerlo ahora”, “el beneficio vence hoy”— desactiva cualquier intento de chequeo.
Según alertó el MPF, los estafadores contactan a las víctimas directamente por WhatsApp luego de publicar los anuncios falsos. No hay oficinas, no hay papeles, no hay trámites formales. Todo es rápido, digital y sospechosamente informal.

Desde el organismo fueron claros y sin vueltas: las obras sociales no solicitan datos personales ni realizan trámites por WhatsApp o redes sociales. Nunca. Ni hoy, ni mañana, ni en un universo paralelo. Si alguien pide fotos del DNI o códigos que llegan por SMS, no es una obra social: es una estafa.
Y acá aparece otro punto clave. Muchas veces quienes caen no lo cuentan por vergüenza o miedo. Eso les da más aire a los delincuentes para seguir operando. Por eso el MPF insiste en algo básico pero fundamental: hablarlo, advertir y denunciar.
El rol de la familia frente a las estafas a jubilados
Las estafas a jubilados no se combaten solo con comunicados oficiales. Se frenan en la mesa familiar, en una charla corta, en un “ojo con esto” a tiempo. El Ministerio Público Fiscal pidió explícitamente alertar a familiares y personas mayores sobre este tipo de mensajes.
No hace falta ser experto en ciberseguridad. Con algunas reglas claras alcanza:
Ninguna obra social pide datos por WhatsApp.
Nadie debería pedir fotos del DNI por redes sociales.
Los códigos que llegan por mensaje no se comparten con nadie.
Ante la duda, no responder y no enviar información.
Puede parecer obvio, pero repetirlo salva problemas. Y plata. Mucha.
Denunciar también es prevenir
Otro punto clave que remarcó el MPF es la importancia de la denuncia. Ante cualquier intento de estafa, se debe realizar la denuncia en la Fiscalía más cercana. No importa si “no pasó nada” o si el intento quedó a mitad de camino. Denunciar permite alertar, registrar patrones y prevenir que otros caigan.
La Fiscalía Especializada en Cibercrimen y Evidencia Digital trabaja justamente sobre este tipo de delitos, donde la evidencia no es un arma ni una escena física, sino mensajes, audios, capturas y números de teléfono. Todo suma.
La prevención y el acceso a la información son pilares del trabajo del Ministerio Público Fiscal para proteger a la comunidad. Y en tiempos donde el celular es casi una extensión de la mano, esa prevención empieza con desconfiar un poco más.
Estafas a jubilados: el alerta sigue encendido
Las estafas a jubilados están ahí afuera, circulando entre memes familiares y cadenas de buenos días. Se camuflan bien, hablan lindo y prometen soluciones rápidas. Pero el final siempre es el mismo: pérdida de datos, de dinero y de tranquilidad.
La recomendación es clara y sin vueltas: no responder, no enviar información y avisar. A la familia, a los amigos y a quienes puedan estar en riesgo. Porque el verso digital cambia de nombre, pero la estafa es la de siempre.
Y si algo suena demasiado bueno para ser verdad… bueno, ya sabés cómo termina.

