El episodio ocurrió sobre la calle Sargento García, en jurisdicción de la Comisaría Quinta, cuando tres amigos se encontraban reunidos en un sector utilizado como taller. Según los datos recolectados en el lugar, la calma se rompió cuando dos sujetos a bordo de una moto pasaron por el frente de la propiedad para marcar el terreno y, al dar la vuelta, abrieron fuego sin mediar palabra.
De los al menos dos disparos efectuados por los motociclistas, uno de los proyectiles alcanzó a uno de los jóvenes presentes. Ante la demora de la ambulancia y la urgencia de la situación, los mismos acompañantes decidieron subir al herido a un vehículo particular para trasladarlo al Hospital Regional. Una vez en la guardia, los profesionales médicos confirmaron que la bala había impactado en la zona del omóplato derecho, aunque tras las primeras curaciones se dictaminó que, afortunadamente, el paciente se encontraba fuera de peligro.
Mientras el hospital asistía a la víctima, efectivos de la División Investigaciones y Criminalística trabajaron en el sitio del ataque levantando huellas y analizando cámaras de seguridad cercanas. Sin embargo, los investigadores se enfrentan a un obstáculo recurrente: la falta de colaboración. El joven baleado se negó a brindar detalles sobre la identidad de los atacantes y tampoco radicó la denuncia formal. En los pasillos policiales circula una hipótesis clara que vincula el hecho con un ajuste de cuentas, ya que tanto la víctima como los presuntos agresores pertenecen a familias con antecedentes y fuertes disputas territoriales en el sector.
Fuente: El Cronista

