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Comodoro Rivadavia

Tras 36 años de amor y vocación, la seño Nancy se despidió de la Escuela Juan XXIII

Comodoro Rivadavia vivió una jornada cargada de emoción. Una de las docentes más queridas de la comunidad salesiana se jubiló, dejando una huella imborrable en generaciones de alumnos, familias y colegas.

Hay despedidas que trascienden las palabras y quedan grabadas para siempre en el corazón de una comunidad. Este viernes, la Escuela Juan XXIII fue el escenario de un momento profundamente especial: la seño Nancy le dijo adiós a las aulas para iniciar la etapa de su jubilación, luego de 36 años de entrega absoluta, compromiso y amor por la educación.

Durante más de tres décadas, Nancy acompañó el crecimiento de cientos de niños y niñas de Comodoro. Su dedicación, su calidez humana y su innata capacidad para enseñar desde la empatía la convirtieron en una figura entrañable dentro de la histórica institución.

🕊️ «Sembró amor y empatía»

A través de un emotivo mensaje de reconocimiento, la comunidad educativa salesiana expresó su profunda gratitud por tantos años de servicio:

«Todo aquel que llega a una casa salesiana llega de la mano de María. Hoy, después de 36 años, se despide de la Casa de la Alegría, Juan XXIII, la seño Nancy, quien supo sembrar en cada niño, familia y colega amor y empatía».

Quienes tuvieron la oportunidad de compartir el camino junto a ella destacan que hizo de la escucha, el acompañamiento y la ternura sus herramientas fundamentales para educar. No solo formó estudiantes en lo académico, sino que moldeó personas, ganándose el respeto y el cariño eterno de toda la comunidad.

Un legado que permanece en la historia local

La jornada de despedida estuvo colmada de abrazos, lágrimas de emoción y anécdotas compartidas. Cuando alguien dedica gran parte de su vida a una institución con tanta pasión, deja de ser simplemente una trabajadora para transformarse en parte viva de su historia.

«Seño Nancy, que la Virgen y el Padre Corti sigan acompañándote. Que tengas una hermosa vida», expresaron desde la escuela al momento de agasajarla.

Aunque hoy cierre su etapa frente al pizarrón, su legado permanecerá latente en cada alumno que ayudó a crecer y en cada rincón de la Juan XXIII. La ciudad despide a una maestra ejemplar que demostró, día a día, que la educación es, sobre todas las cosas, un verdadero acto de amor.

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