Un jubilado de 83 años en Comodoro Rivadavia quedó en situación de calle pese a haber trabajado toda su vida como peón rural. Cobra la jubilación mínima, pero las deudas médicas lo dejaron sin margen. Hoy duerme en la Iglesia San Carlos, no tiene para comer y pide ayuda urgente para conseguir un alquiler. La postal duele… y no es ficción.
La historia de Claudio Torres pega directo. Tiene 83 años, trabajó toda su vida como peón rural y hoy está en la calle. Literal.
El dato que atraviesa todo: cobra la jubilación mínima. Y no le alcanza. No para un alquiler, no para comida, no para lo básico. “No me alcanza para nada”, dijo sin vueltas.
En Comodoro, donde el costo de vida ya viene complicado, su caso deja en evidencia una realidad que muchos prefieren no mirar: hay jubilados que no llegan ni a mitad de mes. Algunos ajustan. Otros, como Claudio, directamente quedan afuera.
De peón rural a dormir en una iglesia
Claudio no tiene casa. No tiene colchón. No tiene un lugar propio donde cerrar la puerta.
Hoy duerme en la Iglesia San Carlos, en la zona de La Anónima de Km 3. Ahí pasa las noches, como puede. Con lo puesto y poco más.
“Estoy en la iglesia San Carlos. Cualquier cosa que alguno me quiera dar una mano, que vaya, pregunte por mí”, contó.
No es metáfora ni exageración: está en situación de calle. A los 83 años. Después de una vida entera de trabajo.
Jubilación mínima vs deudas médicas: la cuenta que no cierra
El problema no empezó de un día para el otro. Claudio arrastra deudas por una operación de cadera y otros gastos médicos que lo dejaron sin aire.
Y ahí aparece otro golpe: la cobertura de salud.
“El PAMI no me cubre nada. Tuve que comprar las gotas con los últimos pesitos que tenía”, explicó. Como si fuera poco, necesita operarse de la vista, pero no puede avanzar por falta de cobertura.
La ecuación es brutal:
- Jubilación mínima
- Deudas médicas
- Gastos básicos
Resultado: no alcanza para nada.
Sin comida y sin respuestas
La situación alimentaria es igual de crítica. No hay vueltas ni eufemismos.
“Hoy no he comido nada. Me queda un poquito de yerba y un poco de leche nada más”, contó.
En una ciudad donde el viento te despeina hasta las ideas, Claudio enfrenta algo más básico: el hambre.
También apunta contra la falta de respuestas. Según relató, había gestiones en marcha que nunca se concretaron. “Me tienen con mentiras, puras mentiras”, dijo.
Incluso mencionó una ayuda económica de 50 mil pesos que, según él, nunca apareció.
Jubilación mínima y calle: una realidad que incomoda
El caso de Claudio no es una rareza aislada que aparece cada tanto para sacudir conciencias. Es una alerta.
Cuando la jubilación mínima no cubre lo básico, el margen de error es cero. Cualquier imprevisto —una operación, un gasto médico— te empuja al borde. Y a veces, al vacío.
Fuente: ABCDiario

