El violento robo en Comodoro ocurrió durante la madrugada del sábado y tuvo como blanco a un gimnasio ubicado en pleno corredor comercial de la zona sur, una área conocida por su tránsito constante y movimiento.
El local funciona en el primer piso de un edificio sobre avenida Kennedy al 2100, pero eso no fue impedimento. Los delincuentes ingresaron por una puerta trasera que da a la calle San Francisco de Asís, un acceso que ya había sido vandalizado en oportunidades anteriores.
Esta vez, sin embargo, lograron forzar la abertura y entrar sin que nadie los advirtiera en el momento. Sin alarmas sonando, sin interrupciones. Robo limpio… para ellos.
Un gimnasio dado vuelta y faltantes por todos lados
Cuando los responsables del lugar llegaron para iniciar la jornada, se encontraron con una escena conocida y frustrante: interior completamente revuelto y numerosos faltantes.
El violento robo en Comodoro no fue al azar. Según reconstruyeron, los ladrones sabían qué llevarse y fueron directo a elementos clave para el funcionamiento diario del gimnasio.
No solo rompieron una puerta: rompieron la rutina, el laburo y la organización de quienes sostienen el espacio.
Qué se llevaron: de herramientas a equipos electrónicos
De acuerdo al testimonio del propietario, en diálogo con el medio Adnsur, el botín fue variado y sensible para la actividad cotidiana.
Entre los elementos robados figuran:
Un posnet
Pinzas, alicates y destornilladores
Cinta métrica y diversas herramientas de trabajo
Una aspiradora
Un compresor
Como si eso fuera poco, también se llevaron equipos informáticos:
monitor, teclado y mouse de una computadora utilizada para la gestión administrativa del gimnasio.
Resultado: no solo pérdidas materiales, sino serias dificultades para llevar adelante la administración diaria.
Mercadería robada y otro golpe al funcionamiento
El violento robo en Comodoro también incluyó el faltante de mercadería que se encontraba en las heladeras del establecimiento, destinada tanto a la venta como al consumo de los socios.
Un detalle que suma bronca: no se trata solo de fierros o tecnología, sino de productos que forman parte del servicio cotidiano del gimnasio y que impactan directamente en la experiencia de quienes entrenan ahí.
Más pérdidas, más complicaciones, más tiempo para volver a arrancar.

