Lo que arrancó como un robo a un comercio céntrico de El Chaltén terminó en una escena digna de serie: vecinos y comerciantes recuperaron lo robado, siguieron al sospechoso, le compraron un pasaje y se aseguraron de que se subiera a un colectivo de madrugada para abandonar el pueblo.
El hombre había sido detenido por la Policía, pero la Justicia solo ordenó identificarlo y fijar domicilio, sin dejarlo preso. Eso no cayó nada bien. Temiendo que siguiera en la localidad, los damnificados tomaron cartas en el asunto: lo escoltaron hasta la terminal, lo vigilaron toda la noche y evitaron que se escapara rumbo al río.
A las 3 de la mañana, subió al micro rumbo a El Calafate. El episodio reabrió el debate incómodo: ¿hasta dónde llega la paciencia cuando la respuesta judicial no alcanza? En El Chaltén, esta vez, la comunidad decidió no mirar para otro lado.
Fuente: Ahora Calafate

