En tiempos donde el ADN parece tener la última palabra, en Comodoro Rivadavia la Justicia marcó un matiz: la biología importa, pero no lo define todo.
Una prueba genética confirmó que el hombre que había reconocido a un niño al nacer no era su padre biológico. Años después, la madre pidió impugnar ese reconocimiento. Sin embargo, tras escuchar al adolescente —que tenía 16 años al momento de declarar— la jueza de Familia Laura Lorenzón decidió rechazar el planteo.
“La verdad biológica no opera de modo automático”
En uno de los tramos centrales del fallo, la magistrada dejó una frase que ya empieza a circular en ámbitos judiciales: “La verdad biológica no opera de modo automático ni excluye el análisis integral del interés superior del niño”.
Traducción: el ADN despeja dudas científicas, pero el derecho de familia no es un laboratorio. El estado civil, la identidad y los vínculos construidos a lo largo del tiempo también pesan —y mucho— en la balanza.

El joven fue claro: quería mantener el apellido de quien lo reconoció y ocupó ese rol en su vida. Y la Justicia lo escuchó. El pedido de la madre para fijar de inmediato una nueva filiación fue considerado prematuro. El tribunal recordó que el estado de familia es de orden público y cualquier modificación requiere un proceso con todas las garantías.
El apellido no es “un trámite más”
El fallo también rechazó el cambio de apellido. La sentencia subrayó que “el nombre y el apellido no son meros datos registrales, sino componentes esenciales de la identidad personal”. Cambiarlo no es solo mover papeles: impacta en la construcción subjetiva y social del adolescente.
Filiación en debate, alimentos al día
Otro punto clave: mientras la discusión sobre la filiación definitiva sigue su curso judicial, la cuota alimentaria no puede esperar. La jueza dispuso que el padre biológico continúe abonando la prestación y, además, actualizó los montos para garantizar la protección efectiva del joven.
Un fallo que pone en el centro algo que a veces se pierde entre expedientes y tecnicismos: la identidad no es solo genética, también es historia, vínculos y decisión. Y en este caso, la voz del protagonista fue la que terminó inclinando la balanza.

