El gremio vial salió a ponerle nombre y apellido a un problema que cualquiera que maneje ya viene puteando hace rato: las rutas están detonadas, y en algunos casos, directamente al borde del “que sea lo que Dios quiera”. Catanzaro, uno de los voceros del sector, tiró el listado de corredores que están pidiendo auxilio a gritos y que hoy representan más riesgo que garantía.
Para empezar, mencionó la ruta 151 en La Pampa, donde el asfalto parece un collage de parches que ya no engaña a nadie. Después sumó la ruta 3 al sur de Bahía Blanca, ese tramo que vibra más que parlante con reggaetón y que hace que cualquier viaje parezca off road aunque vayas en un Prisma. También apuntó a las rutas 23, 9 y 34 en el NOA, donde el tráfico pesado, el calor y la falta de obras vienen haciendo estragos hace tiempo.
A la lista se suman las rutas 7 y 8, apenas salís del conurbano, donde los pozos compiten por tamaño como si fueran Pokémon evolucionando: cada vez más grandes, más profundos y más capaces de romperte un amortiguador sin pedir permiso.
El informe gremial fue clarito: el deterioro no es solo un “incordio” o una queja más del automovilista promedio. Ya afecta la circulación diaria, frena camiones, obliga a maniobras peligrosas y mete un nivel de riesgo que nadie quiere arriba del volante. Los trabajadores viales sostienen que, sin un plan de obras urgente, estos corredores van a seguir empeorando y van a dejar más vehículos rotos, más accidentes y más bronca en la ruta.
En resumen: o se interviene ya, o seguimos manejando en modo “evitá el pozo o perdé la rueda”.
Y el gremio, por lo visto, ya perdió la paciencia.
Fuente: NA

