El homenaje por Malvinas en Comodoro tuvo ese combo que ya es marca registrada: emoción a flor de piel y un reclamo que no se calla más.
En el Cementerio Oeste, familiares, excombatientes, vecinos y autoridades se reunieron para recordar a Jesús Artemio Marcial, Oscar Calixto Millapi y Mario Almonacid. Tres nombres que no deberían necesitar presentación, pero que todavía pelean por el lugar que merecen en la memoria colectiva.
La ceremonia incluyó ofrendas florales, el descubrimiento de una placa y una invocación religiosa. Todo en un clima cargado de respeto, pero también de esa incomodidad que aparece cuando lo simbólico ya no alcanza.
Malvinas en Comodoro: memoria que insiste
El acto por Malvinas en Comodoro no fue para “celebrar”. Eso quedó claro desde el primer momento.
Juan Pérez, integrante del Centro de Veteranos de Guerra, lo dijo sin vueltas: el encuentro es para recordar y rendir homenaje. Pero también para sostener algo que, con el tiempo, cuesta cada vez más: la memoria activa.
“Continuaremos dando a conocer nuestra historia a las generaciones actuales y futuras”, expresó.
Porque sí, pasaron más de 40 años. Pero para quienes estuvieron ahí —y para las familias— el tiempo no borra nada. Apenas acomoda el dolor.
Homenaje con reclamo: lo que falta (y se nota)
Si hay algo que atravesó el homenaje por Malvinas en Comodoro, fue el reclamo. No uno tibio. Uno concreto.
Desde el Centro de Veteranos apuntaron directamente a la falta de políticas sostenidas. El pedido de un museo, por ejemplo, no es nuevo. Lleva años dando vueltas, como promesa sin cumplir.
“Queremos un lugar donde se vea reflejada la historia que escribimos y todavía no lo tenemos”, remarcaron.
Y ahí aparece el problema de fondo: la memoria no se construye solo con actos una vez al año. Necesita espacios, educación, presencia real.
“No los olviden”: el dolor que sigue intacto
Si hubo un momento que quebró todo, fue el testimonio de Andrea, sobrina de Oscar Calixto Millapi.
Sin vueltas, puso en palabras lo que muchas familias sienten hace años: olvido. “Son tres héroes nacionales de Comodoro Rivadavia y están olvidados”, dijo.
Y no fue solo una frase. Fue una denuncia directa. No hay plazas con sus nombres. No hay escuelas. Apenas una calle que ocupa media cuadra. Ese es el nivel de reconocimiento local para quienes dieron la vida.
Malvinas en Comodoro: memoria desde las familias
El relato de Andrea también dejó algo más profundo: el dolor que se hereda.
“Mi abuela sufrió mucho, yo la vi llorar”, contó.
Porque la guerra no termina cuando terminan los combates. Se queda en las casas, en las historias familiares, en las ausencias que no se llenan.
Hoy, quienes toman la palabra son los hijos, sobrinos, nietos. Los que quedaron para contar lo que otros no pueden. “Somos la voz de los que no pueden hablar”, afirmó.
Una deuda que sigue abierta
El homenaje por Malvinas en Comodoro volvió a poner sobre la mesa una realidad incómoda: el reconocimiento sigue siendo insuficiente.
Sí, hay actos. Sí, hay banderas y flores. Pero falta algo más estructural. Políticas públicas. Espacios de memoria. Educación que sostenga la historia más allá de una fecha.
Porque si no, todo queda reducido a un calendario.
Fuente: Diario Crónica

