Lo que empezó como un incendio de pastizales se transformó rápidamente en un operativo de alto riesgo en el kilómetro 14 de Comodoro Rivadavia. Con el viento soplando como si quisiera arrancar la Patagonia de cuajo, los bomberos voluntarios trabajan a contrarreloj para intentar frenar un frente de fuego que no da tregua.
La alerta roja por viento que rige sobre la ciudad complica absolutamente todo. Las ráfagas avivan las llamas, dispersan chispas y convierten cada metro de campo en una invitación al desastre. Nada de esto ayuda al equipo que hoy tiene la tarea imposible de contener un incendio que se mueve más rápido que los chismes en un grupo de WhatsApp.
Un depósito de leña comprometido: como tirar nafta al fuego
Según pudo saber Crónica, el depósito de leña cercano —un punto clave de la zona— ya fue alcanzado por el fuego. Si había un lugar donde no querés que llegue un incendio en plena crisis de viento, es ahí.
La combinación es explosiva: pastizales secos, ráfagas brutales y un depósito repleto de material inflamable. Resultado: un frente de llamas que trepa, salta, se expande y no mira atrás.
El fuego también avanzó hacia el área del gasoducto. Sí, el gasoducto. Otro lugar ideal para perder el pelo del susto. Por ahora solo se sabe que el incendio “avanzó por el área”, lo que ya es más que suficiente para encender todas las alarmas.
Más de diez bomberos en acción y refuerzos en camino
El despliegue es de película. Más de diez bomberos ya están trabajando en el sector, mientras más personal viaja hacia el lugar para sumarse al operativo. Tres unidades de inmediato fueron enviadas a combatir el incendio, y una cuarta terminó sumándose como apoyo para intentar frenar el avance descontrolado del fuego.

Destacamento 2, Destacamento 3 y el Cuartel Central están actuando de manera conjunta, algo que marca la gravedad del episodio. Cuando tres frentes de bomberos se mueven hacia un mismo punto, sabés que la cosa no es un simple pastizal ardiendo.
Operativo en tres frentes: apagar, controlar y rezar
Los equipos trabajan sobre tres frentes simultáneos para intentar cortar el avance de las llamas. La estrategia es clara: contener por un lado, enfriar por otro y evitar que el fuego siga avanzando campo adentro.
Pero el problema es siempre el mismo: el viento. Las ráfagas constantes dificultan cada maniobra. Una chispa que vuelve, un pastizal que se enciende, una llamarada que cambia de dirección sin avisar… así se trabaja hoy en Km 14.
Y mientras tanto, el fuego no da señales de agotamiento.
