Madrugada de viernes en Comodoro, y Pietrobelli no defrauda: un hombre con más antecedentes que un villano de Marvel llega al Hospital Regional con un balazo en el omóplato derecho. Pero ojo, se niega a denunciar, a contar el chisme o a soltar prenda. ¿La excusa? «No necesito ayuda».
Cerca de la medianoche, en una casa del barrio Pietrobelli la cosa se pone heavy. Una mujer llamó a la cana porque su ex llega hecho un desastre: la molesta, sangra por el hombro y huele a quilombo. El comisario Gustavo Toledo, de la Seccional Segunda, contó que el tipo es «conocido en el ambiente delictual». O sea, ficha larga como ruta a Sarmiento. Pero el pibe, ni lerdo ni perezoso, decidió no denunciar ni contar nada. Y se largó, dejando a todos con la intriga.
Hospital Regional: entrada VIP sin detalles
Pasa el tiempo, y a las 4:30 de la matina, el herido aparece en el Hospital Regional. El parte médico es light: estable, fuera de peligro, con el balazo en el omóplato derecho. Pero el silencio es ensordecedor. Ni un «fue el otro», ni un «accidente de caza». Toledo lo pinta claro: en Pietrobelli, las balas pican como mosquitos en verano, pero las denuncias? Más raras que lluvia en febrero.

