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Comodoro Rivadavia

El tesoro de la caja negra: La memoria de Malvinas que Fabrina Enrique mantiene viva en Comodoro

En el marco de un nuevo 2 de abril, la historia de Malvinas se reconstruye a través de las voces de quienes heredaron el compromiso de la memoria. Fabrina Enrique, hija del soldado Fabián Enrique, compartió un testimonio profundo sobre lo que significa crecer con la guerra en primera persona y el valor de transmitir ese legado familiar.

Fabián Enrique tenía solo 18 años cuando, durante la última dictadura en Argentina, fue enviado a las islas mientras cumplía el servicio militar en el Regimiento de Kilómetro 11. Aunque su familia asistía a todos los actos oficiales, el veterano siempre evitó las preguntas directas sobre el conflicto.

«Cuando era chica era como ‘wow, mi papá fue soldado’, pero cuando empecé a ser más grande hice preguntas que él siempre evitaba», explica Fabrina. Ese hermetismo se mantuvo incluso con sus nietos, convirtiendo a Malvinas en un tema del que «nunca se hablaba» en la intimidad del hogar.

El hallazgo de la «caja negra»

El silencio se rompió años antes del fallecimiento de Fabián en 2014. Tras un acto oficial, el veterano pidió a sus hijos que trajeran una caja negra que guardaba en su habitación. En su interior, la familia descubrió un tesoro oculto: certificados, carnés, medallas y cartas que nunca habían visto.

«Empezamos cada uno a leer una carta; no podíamos terminarlas, iban pasando de mano en mano», relata Fabrina sobre lo que describe como un ritual familiar. En esas cartas, la voz del Soldado Clase 63 revelaba la cruda realidad del frente:

  • Valentía ante el clima: «Algo que me olvidé de pedirles eran un par de guantes y un par de medias, pero no importa, total el frío me lo aguanto».

  • Dureza del combate: «A los ingleses no les tengo miedo».

  • Necesidades básicas: Pedía cosas dulces por la falta de azúcar y describía que «el solo plato de comida por día es medio desabrido».

Un legado con nombre propio

Uno de los momentos más conmovedores del relato es el descubrimiento de una carta donde Fabián, desde las islas, pedía que el hijo que esperaba su hermana se llamara como él. Su primo nació en mayo de 1982 y hoy lleva su nombre como un homenaje permanente.

Para Fabrina, reconstruir esta historia es un acto de orgullo y responsabilidad ciudadana. «Es la historia argentina; es lo que me queda a mí por recordar, por hablar, por enseñar y por decir», concluye. Su testimonio reafirma que la soberanía de Malvinas también se construye desde las nuevas generaciones, manteniendo viva la llama de cada historia compartida.

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