En un giro histórico que redefine el tablero energético mundial, el secretario de Estado, Marco Rubio, presentó ante el Congreso de los Estados Unidos la hoja de ruta estratégica para el futuro de Venezuela. Tras la reciente captura de Nicolás Maduro y el despliegue de la Marina estadounidense en el Caribe, la Casa Blanca ha dejado claro que el petróleo será el motor —y la garantía— de la reconstrucción del país bajo el mando interino de Delcy Rodríguez.
El plan, estructurado en tres fases quirúrgicas, busca no solo la transición política, sino un control férreo sobre los recursos naturales que durante décadas fueron el sostén del chavismo.
Fase 1: La «caja chica» del crudo (Estabilización)
El primer paso es puramente financiero y logístico. Washington planea la confiscación y venta inmediata de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano. Estos fondos no pasarán directamente a manos locales: serán administrados por el Tesoro estadounidense para «evitar que alimenten la corrupción». Esta medida busca inyectar liquidez inmediata a la economía venezolana sin soltar las riendas de la chequera.
Fase 2: El desembarco de Occidente (Recuperación)
Una vez estabilizado el flujo de capital, el plan apunta a la infraestructura. Rubio anunció la apertura total del mercado energético a gigantes petroleros estadounidenses y occidentales. Bajo la promesa de «reglas justas», se busca desmantelar la influencia que potencias como China o Rusia mantuvieron sobre PDVSA, permitiendo que empresas de la región inviertan y exploten los recursos bajo estándares internacionales.
Fase 3: Presión total hasta las urnas (Transición)
La etapa final contempla la integración de la oposición y el llamado a elecciones libres. Sin embargo, Rubio fue enfático en un punto: EE. UU. no se retirará. Washington mantendrá una capacidad de presión constante sobre las autoridades provisionales para asegurar que el proceso político no se desvíe de los intereses delineados por la Casa Blanca.
Mientras la Marina continúa incautando petroleros en aguas internacionales, las negociaciones con la nueva directiva de PDVSA ya han sido confirmadas. El tablero está listo y el petróleo venezolano, tras años de aislamiento, vuelve a ser el epicentro de la estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos.

