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Comodoro Rivadavia

Dos meses sin respuestas: brigadistas exigen salario digno y pase a planta

El Incendio Puerto Café en Los Alerces empezó hace dos meses. Dos meses de guardias eternas, botas quemadas, humo en los pulmones y jornadas que no entran en ningún Excel prolijito con aire acondicionado.

Dos meses después, la sensación es otra: la emergencia fue real, el fuego también, pero las respuestas a los reclamos salariales todavía no aparecen. Y eso, en criollo patagónico, ya cansa.

“Seguimos peleando por lo esencial”, remarcan. No hablan de un plus caprichoso ni de un beneficio VIP. Hablan de reconocimiento salarial y profesional por una tarea que, cuando todo arde, se vuelve literalmente vital.

Porque sí: cuando el bosque se prende fuego, nadie pregunta cuánto gana el que se mete entre las llamas. Pero cuando el humo se disipa, la discusión vuelve al bolsillo.

Emergencia ígnea vs. emergencia salarial

La frase que se repite como mantra es clara: “Si hay emergencia ígnea, hay emergencia salarial”.

Y no es solo un slogan para pancarta. Es una lógica simple. Si el Estado declara emergencia por incendios, moviliza recursos, convoca brigadas y pone en marcha operativos extraordinarios, ¿por qué el reconocimiento económico queda en pausa?

El reclamo incluye puntos concretos:

  • Salario digno

  • Pase a planta permanente

  • Jubilación acorde a la tarea

  • Reconocimiento profesional real

Nada de lujos. Nada de “beneficios premium”. Básicos laborales.

En paralelo, la comparación que circula en los propios mensajes es punzante: “Si un ministro cobra 5 palos con aire acondicionado, que reconozcan nuestro trabajo es esencial, no un lujo”. Sin vueltas. Sin metáforas rebuscadas.

Y la frase pega. Porque instala el contraste: escritorio refrigerado vs. monte incendiado.

El fuego pasó, el reclamo no

El Incendio Puerto Café fue un punto crítico en la agenda ambiental de la región. Los Alerces no es cualquier lugar: es emblema, postal, patrimonio natural. Cuando arde, duele en toda la Patagonia.

Desde Comodoro hasta Esquel, pasando por Trelew y Madryn, el tema generó preocupación. Pero como suele pasar, la atención mediática tiene fecha de vencimiento.

Lo que no vence es el cansancio acumulado. Trabajar “prácticamente a destajo” durante dos meses no es una metáfora exagerada. Son jornadas extendidas, presión constante y riesgo físico real.

Y ahí aparece la pregunta incómoda: ¿cuánto vale apagar un incendio forestal? ¿Cuánto vale prevenir que el desastre sea mayor?

Porque el reconocimiento simbólico está bueno para la foto. Pero no paga el alquiler.

Salario digno: lo esencial no puede esperar

El eje del reclamo es uno solo: lo esencial.

Quienes estuvieron en el Incendio Puerto Café no piden aplausos tardíos. Piden condiciones laborales acordes a la responsabilidad que asumen. Piden que su tarea sea considerada esencial de verdad, no solo cuando conviene en un discurso.

Salario digno no es una consigna radicalizada. Es una base mínima. Pase a planta permanente no es un capricho administrativo. Es estabilidad. Jubilación acorde no es exageración. Es reconocer el desgaste físico y mental que implica este trabajo.

En una provincia atravesada por crisis recurrentes, donde la palabra “emergencia” ya parece comodín, el reclamo apunta a algo más profundo: coherencia.

Si la emergencia existe cuando el bosque se quema, también debería existir cuando quienes lo defendieron no llegan a fin de mes.

Dignidad, respeto y algo más que promesas

“Pedimos dignidad, respeto y reconocimiento”, insisten. Tres palabras que, en cualquier manual de derechos laborales, deberían ser obvias.

Pero en la práctica, no siempre lo son.

El Incendio Puerto Café dejó imágenes fuertes. Ahora deja otra escena menos visible: trabajadores organizados exigiendo que su tarea sea valorada como corresponde.

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