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Argentina

Diez minutos de silencio médico: el registro que prueba cómo el anestesiólogo abandonó al paciente para buscar el cargador de su celular

GENERAL ROCA. El sistema judicial de Río Negro pondrá fin este martes a una de las etapas más dolorosas y trascendentales para la familia Mercado Toledo. A partir de las 12:30, el juez Emilio Stadler dará a conocer la pena que deberá cumplir el médico anestesiólogo Javier Atencio Krause (46), tras haber sido hallado responsable penal del fallecimiento de Valentín, un niño de apenas 4 años. El caso ha conmocionado a la opinión pública al exponer cómo una distracción tecnológica en un entorno de alta criticidad puede derivar en una tragedia irreparable.

Durante los alegatos finales de la instancia de cesura, el fiscal Gastón Britos Rubiolo fue contundente al solicitar una pena de tres años de prisión en suspenso y una inhabilitación especial para ejercer la medicina por el término de 10 años. La fiscalía argumentó que el imputado actuó con impericia, imprudencia y una negligencia gravísima al no respetar los protocolos básicos de actuación, priorizando el uso de su celular por sobre la monitorización constante del paciente. Los abogados de la querella, Miguel Ángel Zeballos Díaz y Agustín Aguilar, adhirieron al pedido máximo de inhabilitación, mientras que la defensa técnica solicitó el mínimo legal y que la sanción se limite exclusivamente a la atención pediátrica.

Diez minutos de abandono fatal

Lo que debía ser una cirugía de hernia diafragmática de «baja complejidad» —según las propias palabras del cirujano interviniente— se convirtió en una fatalidad debido a una cadena de omisiones vinculadas directamente al teléfono del profesional. Las pruebas presentadas, incluyendo los registros del monitor multiparamétrico del Sanatorio Juan XXIII, revelaron un vacío informativo aterrador: el niño pasó 10 minutos sin ningún tipo de registro de presión arterial ni oxigenación.

Según la acusación, mientras estos signos vitales críticos desaparecían de la pantalla, Atencio Krause se encontraba utilizando su celular e, incluso, se retiró físicamente del quirófano con el único objetivo de buscar un cargador para su dispositivo móvil. Esta ausencia absoluta de vigilancia provocó que no se detectara a tiempo una taquicardia que derivó en una encefalopatía hipóxico-isquémica (falta de oxígeno y sangre al cerebro). «El médico omitió vigilar y prestar la atención anestésica en forma continua. El niño registró un periodo anormal que debió ser advertido», detalló el fiscal Rubiolo sobre la negligencia ocurrida a las 10:50 de aquella mañana de julio.

El calvario de la familia y la «estafa emocional»

Mientras el anestesiólogo se distraía con su celular, Ariana Toledo y Daniel Mercado, los padres de Valentín, esperaban fuera con una confianza que pronto sería traicionada. Lo que siguió a la cirugía fue calificado por los peritos psicólogos como una «estafa emocional». Durante una semana, la institución médica brindó partes confusos, asegurando que el niño «estaba bien» y que pronto despertaría, a pesar de que los síntomas de muerte cerebral (convulsiones, fiebre y diabetes insípida) ya eran evidentes para los especialistas.

Hoy, la familia espera que la sentencia por el uso irresponsable del celular en el quirófano no solo castigue al culpable, sino que siente un precedente histórico para que la desatención profesional no vuelva a arrebatar la vida de un niño en una mesa de operaciones.

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