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Comodoro Rivadavia

Delivery agredido en el Centro: golpes y miedo

El Centro de Comodoro no solo es tránsito, bocinas y viento que despeina hasta el alma. Ahora también es escenario de una situación que preocupa y mucho: un delivery agredido en el Centro que no puede trabajar tranquilo.

La denuncia fue realizada públicamente por la madre del joven ante Crónica. Según relató, su hijo —de apenas 19 años— sufre hostigamiento constante por parte de un hombre de entre 25 y 30 años que interfiere en su trabajo como repartidor de comidas rápidas.

La parada está ubicada en una sucursal de calle Pellegrini y San Martín. Un punto clásico de movimiento, motos que van y vienen y pedidos que no esperan. Pero para este chico, cada jornada se convirtió en un campo minado.

Delivery agredido en el Centro: antecedentes y amenazas

El conflicto no empezó ayer. Según la denuncia, hace alrededor de un mes el agresor habría amenazado con robarle la motocicleta. Y lo hizo.

La moto fue robada y luego recuperada. Sin embargo, el joven decidió venderla para evitar nuevos incidentes. Una decisión drástica, pero entendible cuando el miedo empieza a ser rutina.

Lo más preocupante es que, pese a ese cambio, el hostigamiento no cesó.

Cada vez que el agresor se cruza con él en la parada de deliverys, adopta actitudes de control sobre el lugar. Según el relato, intenta impedirle tomar pedidos o realizar retiros. Como si el espacio tuviera dueño. Como si trabajar fuera una provocación.

Y no se trata de una discusión aislada. Ya existen denuncias policiales previas, lo que marca que la situación viene escalando.

Agresión con casco y traslado al hospital

El episodio más grave ocurrió este jueves.

Tras una nueva intercepción y una discusión, el joven fue golpeado con un casco. El impacto le provocó un corte al costado del ojo y una lesión interna en el mismo.

Sí, con un casco. El mismo elemento que debería proteger terminó siendo usado para lastimar.

El joven debió ser trasladado al hospital local para recibir curaciones. Además, necesitó el certificado médico correspondiente para ampliar la denuncia ante las autoridades policiales.

No es un dato menor. Porque cuando la violencia deja marcas físicas, la urgencia ya no es solo emocional: es médica, judicial y social.

La madre fue clara: vive en estado de alerta constante.

“No puedo estar tranquila sabiendo si mi hijo va a estar bien o si va a llegar a casa”, expresó, reflejando una angustia que excede lo individual y se mete de lleno en la seguridad cotidiana.

Hostigamiento en el Centro: miedo que no se va

Hablar de un delivery agredido en el Centro no es solo contar un hecho policial. Es poner el foco en algo más profundo: el derecho a trabajar sin ser perseguido.

La madre pidió la intervención de la Justicia para que las amenazas y agresiones no pasen a mayores. Porque el temor es claro: que la próxima vez sea peor.

El joven ya cambió su dinámica laboral. Vendió su moto. Amplió denuncias. Buscó asistencia médica. Sin embargo, el conflicto persiste.

En una ciudad donde el trabajo informal y los repartos son parte del día a día, situaciones así generan un eco inevitable. No solo por el hecho puntual, sino por la sensación de vulnerabilidad que deja.

El Centro, que debería ser sinónimo de actividad comercial y movimiento constante, se convirtió para esta familia en un espacio de tensión.

La madre lo resume sin vueltas: no sabe si su hijo va a volver sano a casa. Y eso, en cualquier barrio de Comodoro, es una alarma que suena fuerte.

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