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Comodoro Rivadavia

Cierres del Banco Santander: sucursales menos, despidos de más

La situación no explotó de un día para el otro. Según explicó Gonzalo Martínez, delegado del Banco Santander, el proceso de cierres de sucursales y desvinculaciones se viene profundizando desde el año pasado.

“Desde el año pasado venimos con desvinculaciones y cierres de sucursales”, señaló en diálogo con ABC Diario. Y agregó un dato clave: desde la semana pasada mantienen reuniones en la Secretaría de Trabajo porque el banco quiere avanzar con el cierre de más de 30 sucursales en todo el país.

El número no es menor. Tampoco el contexto. Cada cierre implica menos puestos de trabajo y más incertidumbre para quienes siguen adentro, esperando ver si su sucursal será la próxima en la lista.

Despidos encubiertos y salidas “a la fuerza”

Uno de los puntos más delicados que remarcó Martínez tiene que ver con la modalidad que utiliza la entidad. No se habla de despidos directos, pero el resultado es el mismo.

“Se trata de lo que nosotros llamamos desvinculaciones involuntarias. El banco te dice: ‘te tenés que ir, esto es lo que tenemos para vos’, y si no, te vas en otros términos”, explicó. Para el gremio, no hay muchas vueltas: son despidos encubiertos.

Esta lógica aparece cada vez que se cierra una sucursal o se decide prescindir de personal. No solo afecta a empleados bancarios, sino también a quienes trabajan en servicios tercerizados.

Cierres del Banco Santander en Comodoro: los números locales

En Comodoro Rivadavia, el impacto ya se siente. Martínez recordó que durante el año pasado se produjeron más de seis desvinculaciones, y que en lo que va de este año ya se sumaron al menos tres más.

Por ahora, no hay confirmaciones oficiales de nuevos cierres en la ciudad, pero la preocupación está instalada. “Creemos que no, pero tampoco creíamos que se iban a cerrar sucursales en otras ciudades. Uno no deja de estar en alerta y preocupado”, reconoció el delegado.

La sensación es clara: nadie se siente a salvo cuando el plan nacional sigue avanzando.

Más de 500 personas afectadas en todo el país

A nivel nacional, los cierres del Banco Santander podrían afectar directa e indirectamente a más de 500 personas. Y no se trata solo del personal bancario.

“También el personal de maestranza, seguridad y todos los servicios que dependen de la presencia del banco en cada ciudad”, explicó Martínez. Cada sucursal que cierra no solo borra puestos de trabajo, también vacía movimiento económico local.

En algunas localidades, el cierre tiene un impacto todavía mayor: los clientes deben trasladarse más de 200 kilómetros para llegar a la sucursal más cercana. “Es casi una invitación del banco a que el cliente abandone la entidad”, disparó.

Digitalización sí, pero ¿para quién?

Desde el banco, la justificación pasa por un proceso de digitalización. Pero según el delegado, esa estrategia no contempla la realidad de muchos usuarios.

“Pretenden que los clientes pasen a operar por canales automáticos, pero no todos están en condiciones de hacerlo”, señaló. Puso un ejemplo concreto: un jubilado que cobra la mínima y se encuentra con que no puede pasar por caja.

El problema no es solo tecnológico. Es social. Y también laboral.

Precarización laboral y atención degradada

Martínez fue más allá y habló directamente de precarización. “Se quita el trabajo de cajero para derivarlo a corresponsalías como Pago Fácil o Rapipago”, explicó.

Para el gremio, no se trata simplemente de modernización. Es un cambio profundo de condiciones que impacta en dos frentes al mismo tiempo: trabajadores con menos derechos y clientes con peor atención.

“No es solo digitalización, es un cambio de condiciones que precariza tanto al trabajador como al cliente”, concluyó.

Cierres del Banco Santander: persianas que bajan, alertas que suben

Los cierres del Banco Santander avanzan mientras las reuniones continúan y la incertidumbre crece. No hay confirmaciones para Comodoro, pero tampoco garantías. El proceso está en marcha y los números hablan solos.

Menos sucursales, más despidos encubiertos y una digitalización que deja gente afuera. El combo no suena a futuro, suena a ajuste.

La pregunta queda abierta: ¿modernizar es cerrar puertas o abrir opciones reales para trabajadores y clientes? Porque por ahora, las persianas bajan más rápido que las respuestas.

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