Este jueves 2 de abril, en el marco del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, familias TEA de Comodoro Rivadavia organizan una caminata abierta a toda la comunidad. No es una marcha más: es una invitación directa a ver, escuchar y entender lo que viven todos los días.
La movida arranca a las 15 horas en la Plaza Kompuchewe y termina en la Plaza Soberanía, en plena costanera. El plan no tiene vueltas: caminar, encontrarse y visibilizar. Porque si no se habla, no existe. Y acá hace rato que el tema necesita micrófono.
Silvana Casas, una de las referentes, lo dijo sin filtro: la idea es “alzar la voz por todos los apoyos que necesitan nuestros familiares y por todo lo que falta”. Traducido al idioma Comodoro: hay mucho por hacer y poco tiempo para seguir mirando para otro lado.
El evento también tiene su cuota bien patagónica. Las familias invitan a llevar mate para compartir, porque si hay algo que une más que una causa, es una ronda con termo en mano. Eso sí, aviso parroquial: el pronóstico viene con viento, pero ya está previsto un espacio resguardado.
Más allá del clima, el foco está en generar un lugar de encuentro. No solo para quienes ya están atravesados por el autismo, sino para cualquiera que quiera entender, acompañar o simplemente dejar de ser espectador.
Porque sí, el autismo en Comodoro también se vive en comunidad. Y cuando esa comunidad se junta, pasan cosas.
Autismo en Comodoro: derechos que se achican, problemas que crecen
Ahora, bajemos un cambio porque lo que viene no es meme: es realidad cruda.
Casas remarcó algo que se repite como loop eterno: “todo el tiempo hay alguna medida que implica una pérdida de derechos”. Y eso no es una sensación, es el día a día de muchas familias.
Entre los principales problemas aparece uno que ya es casi un clásico argentino: las obras sociales. Trámites interminables, demoras, coberturas que no llegan… un combo que desgasta emocional y físicamente. Literalmente, te consume.
A eso se suma otro dato que preocupa: los recursos no alcanzan. En una ciudad como Comodoro, donde la demanda crece, la oferta de acompañamiento, tratamientos y profesionales no logra cubrir lo básico.
Resultado: familias haciendo malabares, profesionales saturados y un sistema que queda corto. Bastante corto.

