La llegada al Aeropuerto Internacional de Ushuaia de un Boeing C-40 Clipper, perteneciente a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, ha puesto en alerta a especialistas en defensa y soberanía nacional. Esta aeronave no es un transporte convencional; se trata de una versión militarizada del Boeing 737-700, utilizada exclusivamente para el traslado de mandos del Pentágono, legisladores y diplomáticos de alto rango. Su arribo, tras una escala técnica en la ciudad de Buenos Aires, se produjo bajo un hermetismo que ha sido calificado como «total», sin que el Ministerio de Defensa o la Cancillería argentina emitieran comunicados que justificaran la misión en el punto más austral del continente.
Para los analistas internacionales, este movimiento debe leerse en clave geopolítica. Ushuaia es considerada la «Puerta de Entrada» más eficiente hacia la Antártida y el único punto capaz de controlar el paso bioceánico ante un eventual conflicto en el Canal de Panamá. La presencia de activos militares estadounidenses, sumada a la detección de dos vuelos privados adicionales provenientes de San Fernando, refuerza la teoría de un avance en el acuerdo de administración conjunta de la Base Naval Integrada. Este escenario, según expertos, podría comprometer la autonomía argentina sobre el «Continente Blanco», subordinando la logística científica y militar local a los intereses estratégicos del Comando Sur de los Estados Unidos.

