La noticia no viene con escándalo ni polémica, pero sí con algo que escasea: constancia. El Club Laprida decidió agradecer de manera pública a Panadería Galaxia por un acompañamiento que no es de un día, sino de años.
La panadería aporta la merienda diaria para los chicos y chicas del club. Y en más de una ocasión, esa merienda termina siendo la última comida del día. Un detalle que cambia todo y que explica por qué este reconocimiento no es solo simbólico.
Porque en el barrio, alimentar también es formar.
Un compromiso silencioso, pero clave
Desde la institución remarcaron que el aporte de la panadería tiene un valor enorme para el crecimiento y el bienestar del semillero del Verde. No es solo pan: es presencia, es continuidad y es entender que el club cumple un rol social que va mucho más allá del fútbol.

El agradecimiento apunta a ese compromiso silencioso pero sostenido en el tiempo, el que no busca aplausos ni placas, pero que aparece todos los días, haga frío, calor o viento del que te mueve el arco.
Panadería Galaxia: más de 40 años en el barrio
Panadería Galaxia no es nueva en Laprida. Tiene más de 40 años de historia en el barrio y es atendida por Cacho y Rivas, junto a toda su familia. Gente conocida, de esas que saludan por el nombre y saben quién juega de cinco y quién llega con hambre después de entrenar.
Históricamente ligados al club, siempre estuvieron cuando hizo falta dar una mano. Sin vueltas, sin preguntas incómodas. Pan en la bolsa y a seguir.
Comercio de barrio, rol social gigante
El reconocimiento del Club Laprida no es solo a una panadería, sino a una forma de estar en el barrio. Desde la institución lo dijeron claro: el rol social que cumple Panadería Galaxia es fundamental.
“Por la colaboración de todos los días, por el compromiso silencioso y constante, hacemos extensivo este agradecimiento a cada una de las personas que forman parte de Panadería Galaxia”, expresaron desde el club.
Una frase simple, pero cargada de sentido. Porque cuando el comercio local se involucra, el impacto se multiplica.
El semillero también se cuida con pan
En tiempos donde todo cuesta más, sostener un club de barrio es una hazaña. Y sostener a los pibes y pibas, todavía más. La merienda solidaria en Laprida muestra que el tejido social sigue vivo y que no todo pasa por sponsors gigantes o acuerdos rimbombantes.
A veces alcanza con una panadería, una familia comprometida y la decisión de no mirar para otro lado.

