El drama del delivery: en la noche del jueves un joven repartidor de 20 años fue atropellado y arrastrado varias cuadras en Rivadavia y Los Claveles. Y mientras lo asistían —herido, tirado en la calle y quizá pidiendo auxilio— alguien le afanó el celular. Sí: ni siquiera un accidente grave lo salvó del choripán.
El pibe —motociclista, laburante, con su pedido en marcha— fue embestido por un auto cuyo conductor dio 1,46 g/l de alcohol en sangre. El impacto lo arrastró por más de dos cuadras; termina internado grave.
Pero como si todo lo anterior no alcanzara, su teléfono desapareció: un Tecno Pova 6 que, según su pareja, “se esfumó en medio del caos mientras le daban asistencia”.
La bronca ahora suma: además de pelear por su recuperación, la familia ruega que quien tenga el celular lo devuelva. Dicen que dentro están contactos, pedidos, datos de laburo —todo perdido cuando peor se la pasan.
Mientras el tipo que lo atropelló terminó detenido —porque dio alcohol en sangre y el caso es investigado por la Seccional Séptima—, la víctima y los suyos pelean por el mismo derecho que todos: ser atendidos, ser respetados, ser visibilizados.

