Vecinos y vecinalistas de Diadema Argentina volvieron a levantar la voz —y la temperatura— por el estado del transporte público, después de que una unidad quedara otra vez fuera de servicio este viernes y dejara a usuarios “a la buena de Dios” sobre la ruta, bajo un sol que no perdona.
Un vecino que pasaba y vio la postal lo describió con más precisión que cualquier informe técnico: “Ya voy llegando al centro y todavía no crucé otro colectivo de Diadema, imaginate esa gente ahí en el medio de la nada con 25 grados esperando colectivo».
Básicamente: modo desierto de Tatatí activado.
La escena se suma al rosario de quejas que vecinalistas llevaron la semana pasada al Concejo Deliberante: unidades detonadas, demoras eternas por desperfectos, accidentes, menos recorridos y un trato poco amistoso de algunos choferes. El combo completo, pero sin papas.
Encima, mientras todo esto pasa, en abril vence la concesión del transporte urbano y los concejales admitieron que todavía no apareció el famoso pliego de la nueva licitación. Se acerca la fecha y el suspenso está más fuerte que final de Gran Hermano.
Desde el barrio lo dicen sin rodeos: el servicio se viene deteriorando a la vista y al olfato, y la mezcla de fallas, demoras y frecuencia low cost deja a los usuarios en situación de extrema vulnerabilidad, sobre todo cuando el calor aprieta y el único techo es el cielo.
En resumen: en Diadema, viajar ya no es un derecho… es un acto de fe. ✨🚌
Fuente: ABC Diario

