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Comodoro Rivadavia

Robo a jubilado en Comodoro: pidió agua, entró al baño y se llevó el celular

Un jubilado de 76 años del barrio San Martín vivió la estafa más vieja del mundo versión “Comodoro 2025”: una mujer le pidió un vaso de agua, entró al baño y le robó el celular mientras él la asistía con toda la buena fe. Las cámaras de seguridad captaron todo el momento. La denuncia quedó radicada en la Seccional Tercera y ya investigan a la autora.

En Comodoro, donde la confianza entre vecinos todavía existe (y a veces sale cara), un jubilado del barrio San Martín terminó siendo víctima de un robo tan silencioso como indignante. Lo que empezó con un simple pedido de agua terminó con un celular menos y una sensación amarga que ni el viento patagónico logra volar.

Todo ocurrió este viernes, alrededor de las 7 de la mañana, el horario en el que muchos abren la reja para llevar a sus hijos al trabajo, prender la pava o mirar el clima a ver si el viento está en “modo suave” o “modo arrancate los techos”. En ese marco cotidiano, un vecino de 76 años jamás imaginó que la aparente gentileza de ayudar a alguien sediento le costaría su teléfono.

El pedido de agua que abrió la puerta al engaño

Según relató el propio hombre, una mujer que pasaba por la vereda se acercó y le pidió un vaso de agua. “¿Cómo no?”, habrá pensado él, sin sospechar nada. La amabilidad no tiene horario, y en un barrio como San Martín, donde la gente se conoce y todavía se saluda, prestar un vaso de agua es casi rutina.

El jubilado fue hasta el interior de la casa, le alcanzó el vaso y pensó que ese sería el final del intercambio. Pero ahí empezó el verdadero plan de la sospechosa.

 “¿Puedo usar el baño?”: la excusa perfecta

Después de beber, la mujer pidió permiso para usar el baño. Un pedido incómodo, sí, pero no imposible. Y el vecino volvió a acceder. Acto seguido, ella entró, se tomó su tiempo, salió con tranquilidad y, como si fuera un sketch repetido, pidió otro vaso de agua.

Mientras el hombre se dirigía nuevamente a buscar el agua, la mujer caminó hacia el comedor, vio el celular sobre la mesa, y sin dudarlo lo tomó, lo escondió detrás del pantalón y salió de la casa como si nada. Una coreografía ensayada, rápida y con una frialdad digna de película… pero de esas que te dejan con bronca, no con aplausos.

Las cámaras lo contaron todo

Cuando el jubilado notó que su teléfono ya no estaba, revisó inmediatamente las cámaras de seguridad de su domicilio. Fue ahí donde vio la escena completa: la mujer aprovechando el descuido, tomando el dispositivo y retirándose sin mirar atrás.
Nada de confusiones, nada de interpretaciones dobles: las imágenes mostraban el hurto de manera clarísima.

Este detalle es clave, porque permite acelerar la investigación policial y deja registro del modus operandi de una sospechosa que claramente sabía lo que estaba haciendo.

Denuncia en la Seccional Tercera

Con el video en mano y toda la bronca a cuestas, el vecino radicó la denuncia en la Seccional Tercera, donde ya iniciaron la investigación para identificar a la autora del robo. Se espera que, con las imágenes y el testimonio del damnificado, se pueda dar con la responsable.

Este tipo de delitos, basados en engaño y aprovechamiento de la vulnerabilidad, son especialmente repudiados por vecinos del barrio, que suelen mantener puertas abiertas y una cultura de confianza que ahora vuelve a quedar golpeada.

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