Ariel Cardozo tenía 25 años, ganas de progresar y una rutina de laburo que arrancaba día y noche. Yanina, su pareja lo describe como “una persona que no tenía vicios”, estudioso, trabajador y con miedo hasta a las agujas. Hoy exigen justicia: “Nos arruinaron la vida y no voy a parar hasta que se haga justicia”, clama quien lo conocía de cerca.
Ariel Cardozo no era cuento: era un pibe de 25 años que se levantaba todos los días para trabajar y caminar día y noche, con la idea de progresar junto a su pareja y su familia. No fumaba, no consumía drogas, tenía estudios terminados y, pese a la falta de trabajo formal, empezó a vender en la calle como muchos hacen para juntar cada peso.
La descripción que deja su pareja es clara y dolida: “una persona que no tenía vicios, que no fumaba ni se empastillaba… tan sana que hasta le daba miedo las agujas y la sangre”. No era el mito de la calle; era alguien que contaba monedas, sacaba pasajes con tarjetas para poder ir y volver, con “una mano atrás y otra adelante”, pero jamás se dedicó a robar o vender droga como algunas “gente de mierda” llegó a decir.
“No voy a dejar que ensucien su nombre”
La bronca y el dolor se mezclan en un reclamo que suena firme: “NO VOY A DEJAR QUE ENSUCIEN SU NOMBRE”. Su pareja insiste en que Ariel era un chico honesto, que caminaba hasta tarde para alcanzar la diferencia y que solo contaba los días para volver a casa. Le arrebataron sus sueños, sus metas y su felicidad.

En las fotos que ella comparte, dice, se ve al Ariel trabajador: cansado pero levantándose cada día, tomando una coca antes de arrancar a vender. Esa imagen es la que quieren preservar frente a los rumores maliciosos que circulan.
Acusaciones y fugitivos: piden que aparezcan Tiago y Uriel Durán
La angustia familiar no se limita a la pérdida: hay nombres que pesan. La pareja exige justicia por Ariel Cardozo y reclama la aparición de Tiago y Uriel Durán, que según el reclamo siguen prófugos. La frase que cierra el grito es tajante:
“NI TODA LA PLATA DEL MUNDO LOS VA A SALVAR y sé que tarde o temprano la van a pagar.”
No es solo rabia: es la necesidad de que el caso no se diluya en rumores ni en silencios institucionales. La familia y la pareja piden que la causa avance y que se respete la verdad de quien describen como un pibe inocente.

