No es un post para el feed, es la realidad del terreno. En un escenario donde el viento corta y el frío de la estepa patagónica no negocia, concluyó la tercera fase del Ejercicio Kekén, una de las maniobras de adiestramiento más exigentes del calendario militar actual.
Más que un simulacro, lo que se vivió en estas latitudes fue una prueba de resistencia logística y operativa. Efectivos de diversos puntos del país —algunos tras cruzar más de 2.000 kilómetros por ruta— se integraron en un despliegue de armas combinadas que puso a prueba la interoperabilidad en tiempo real.
El ADN del despliegue: Adaptación o nada
En la jerga militar, se dice que «no hay adiestramiento sin alistamiento». Traducido: para que las cosas salgan bien bajo fuego (o bajo cero), la preparación previa debe ser impecable. El Ejercicio Kekén demostró que la capacidad de respuesta no es una casualidad, sino el resultado de marchas forzadas y decisiones tomadas con la guardia alta.
Los puntos clave de la jornada:
Logística de largo alcance: Movilización de unidades desde el centro y norte del país hacia el Teatro de Operaciones del Sur.
Maniobras complejas: Integración de medios terrestres y de apoyo en un terreno que castiga el material y la voluntad.
Respuesta técnica: Coordinación táctica en entornos de baja visibilidad y clima extremo.

