Comodoro Rivadavia

Ramón Dupuy llegó a Comodoro para acompañar a la familia de Ángel: «Es una radiografía de lo que pasó con Lucio”

Ramón Dupuy cayó en Comodoro con una frase que pega directo al estómago: el caso de Ángel es “una radiografía” de lo que pasó con Lucio. Vino a acompañar a la familia, pero también a pasar factura: habló de desidia judicial, de organismos que miran para otro lado y de una ley que, sin reglamentación en Chubut, queda más decorativa que diploma colgado.

La escena no es nueva, y eso es justamente lo que más duele. Ramón Dupuy, abuelo de Lucio, llegó a Comodoro Rivadavia con una mezcla de bronca, memoria y cansancio. No vino a hacer turismo ni a dar vueltas diplomáticas: vino a acompañar a Lorena y Luis, los padres de Ángel, y a decir lo que muchos piensan pero pocos dicen en voz alta.

“Me retrotrae cuatro años y cinco meses”, soltó. Traducido: esto ya pasó. Y no aprendimos nada.

Para Dupuy, lo que ocurrió en la ciudad petrolera no es un hecho aislado ni un “caso desgraciado”. Es, según sus palabras, el resultado de fallas estructurales que siguen intactas. Una cadena donde todos fallan: asistentes sociales, defensorías, psicólogos, jueces. Nadie se salva.

Y sí, suena fuerte. Pero también suena repetido.


Desidia judicial: el loop que nadie corta

Si hay algo que atraviesa su discurso es una palabra incómoda: desidia. Esa sensación de que el sistema llega tarde, mal o nunca.

Dupuy fue directo: “La desidia de los organismos es muy grande”. Sin anestesia.

El planteo pega especialmente en ciudades como Comodoro, pero también resuena en Trelew, Puerto Madryn y Esquel, donde muchas veces las denuncias quedan atrapadas en trámites eternos. Porque claro, mientras el expediente duerme la siesta, la vida real sigue.

Y ahí aparece el problema: cuando el Estado llega tarde en temas de infancia, no es un error administrativo… es una tragedia.


Ley Lucio: linda en papel, floja en la cancha

Uno de los puntos más calientes de la visita fue la famosa Ley Lucio (27.709). Esa que, en teoría, vino a cambiar todo. Spoiler: no está pasando.

Dupuy lo resumió con una frase que ya es meme en potencia: “La ley es preciosa, pero si no se reglamenta, no sirve”.

En Chubut, según denunció, la implementación es prácticamente inexistente. O sea: tenemos la ley, pero no el cómo. Y sin ese “cómo”, todo queda en buenas intenciones.

Dato clave: Córdoba aparece como la excepción. Allí sí avanzaron con una reglamentación concreta, incluso con sanciones para funcionarios que miren para otro lado. Acá, mientras tanto… seguimos debatiendo.


Sin diálogo político: silencio que hace ruido

Otro detalle que no pasó desapercibido: Dupuy no fue recibido por autoridades municipales.

“No he sido citado por el Intendente”, aclaró. Seco, sin vueltas.

No es menor. Porque su presencia no es simbólica: representa una lucha nacional por los derechos de la infancia. Y que no haya diálogo institucional deja un mensaje medio incómodo… o directamente preocupante.

Igual, él marcó su prioridad: acompañar a la familia y seguir de cerca la causa. “Donde nos necesiten vamos a estar”, aseguró.


Falsas denuncias y revinculación: el otro conflicto

Como si el panorama no fuera lo suficientemente complejo, apareció otro tema que suma tensión: las denuncias y los vínculos familiares.

La abogada Elba Soria tiró una bomba: hoy, con una denuncia penal, un padre o madre puede perder contacto con sus hijos durante años. Sí, años.

En Comodoro ya hay casos de familias que llevan más de 1.000 días sin poder verse. Una eternidad.

El problema, según Soria, es que se está invirtiendo la carga de la prueba. Es decir: el denunciado tiene que demostrar su inocencia. Un giro que rompe con un principio básico del derecho.

Y en el medio de todo eso, otra vez, los chicos.


Infancias en el medio: siempre los mismos perdiendo

Entre la desidia estatal, las leyes a medio implementar y los procesos judiciales eternos, hay algo que se repite como un patrón incómodo: los niños quedan en el medio.

Dupuy lo dijo sin vueltas: “No se aprendió nada”.

Y esa frase pega más fuerte que cualquier estadística.

Porque más allá de nombres propios, lo que está en juego es algo estructural. Un sistema que reacciona cuando ya es tarde. Que llega cuando el daño está hecho.

Fuente: Diario Crónica

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