Alrededor de las 06:10, el personal de la Comisaría Primera tuvo que intervenir en la esquina de Yrigoyen y Mitre tras un alerta de los efectivos adicionales que cubrían la salida del local nocturno.
El vehículo, un Chevrolet Corsa, venía llamando la atención por una serie de maniobras peligrosas que pusieron en riesgo a la gente que desconcentraba del boliche. Al frenarlo, los oficiales se encontraron con el combo completo: el conductor apenas podía articular palabra y el aliento etílico lo delataba a distancia.
Fuera de regla y al volante
Cuando llegó el equipo de la APSV, el test de alcoholemia no dejó dudas: marcó 1,68 g/l. En una provincia como Chubut, donde rige la Tolerancia Cero, cualquier número por encima de nada ya es motivo de secuestro, pero esta cifra casi triplica lo que solía ser el límite permitido antes de la ley.
Para colmo de males, cuando la policía le pidió los papeles, saltó que el hombre no tenía licencia de conducir ni el seguro obligatorio. Básicamente, estaba circulando «flojo de papeles» y en un estado que era una bomba de tiempo para el tránsito local.
Directo al corralón
Sin muchas vueltas, los agentes de Tránsito Municipal solicitaron la grúa y procedieron al secuestro preventivo del coche. El conductor se fue a pie y con un acta de infracción que, entre el alcohol y la falta de documentación, le va a salir bastante cara.
Este tipo de operativos a la salida de los boliches se volvieron moneda corriente para intentar limpiar las calles de conductores que todavía no registran qu

