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Comodoro Rivadavia

De las canchas del barrio Roca a la Luna: el ingeniero comodorense que hace historia en la misión Artemis

Gabriel Sanca, un «nacido y criado» entre Comodoro y Rada Tilly, integra el equipo de científicos argentinos que diseñó un satélite para el regreso del hombre a la Luna. Docente de la universidad pública y fanático de los fierros, hoy coordina la tecnología que viajará en la misión más importante del siglo.

Para Gabriel Sanca (36), la identidad no se negocia: es el mar, el viento pegando en la cara durante una caminata nocturna por la playa de Rada Tilly y el recuerdo de los partidos de fútbol en Ferro o en la placita del barrio Pueyrredón. Aunque hoy su cabeza está puesta en la órbita lunar, sus raíces siguen enterradas en el suelo arcilloso de los cerros que subía de chico para bajar «lleno de tierra».

Este ingeniero electrónico, formado en la universidad pública, es una de las piezas clave detrás de Atenea, uno de los cuatro satélites de carga útil secundaria que acompañarán la misión Artemis II. El proyecto, que marca el retorno de la humanidad al satélite natural después de más de cinco décadas, cuenta con un sello argentino indiscutido gracias al trabajo conjunto de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

El «clic» entre motores y guitarras

La historia de Gabriel no empezó en un laboratorio de la NASA, sino en los boxes de los autódromos. Influenciado por su padre, que trabajó toda la vida en el petróleo, soñaba con ser ingeniero mecánico para entender esos motores que rugían cada domingo en el Top Race o el TC 2000.

Sin embargo, el destino tuvo un glitch musical. «Con unos amigos teníamos una banda y queríamos armar un efecto para la guitarra», recuerda. Ese pequeño experimento electrónico para modificar el sonido de su «viola» fue el disparador: dejó la mecánica, se pasó a Electrónica y el resto es historia científica.

Ciencia argentina en las ligas mayores

Tras mudarse a Buenos Aires a los 22 años, Gabriel se integró al grupo LabOSat, una red de investigadores (CONICET, CNEA, INTI, UBA y UNSAM) especializados en probar componentes electrónicos en las condiciones extremas del espacio. Esa «herencia de vuelo» fue lo que permitió que Argentina ganara un lugar en la misión Artemis.

Atenea, el satélite en el que trabajó Gabriel, superó estándares internacionales de seguridad para viajar junto a desarrollos de potencias como Corea del Sur, Arabia Saudita y Alemania. Su función será medir radiación y ensayar dispositivos optoelectrónicos en el espacio profundo.

«Que Atenea esté ahí es poder decir: cumplimos con los estándares internacionales para participar de una misión tripulada. Es un espaldarazo fuerte para nosotros», afirma Gabriel desde su rol como docente e investigador.

Defender el aula para alcanzar el espacio

En un contexto donde la educación pública y el desarrollo científico nacional suelen estar bajo la lupa, el caso de Sanca es un recordatorio de la potencia de las universidades argentinas. Hoy, mientras termina su doctorado y una maestría en gestión tecnológica, Gabriel espera con ansiedad el despegue del cohete SLS.

Sabe que cuando ese motor se encienda, un pedazo de Comodoro, de sus tardes de fútbol y de su formación en la universidad pública, estará viajando directo hacia la Luna.

Fuente: ADNsur

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