El violento ataque a una corredora en un descampado cercano al cartel de bienvenida de Caleta Olivia sigue generando preocupación en la comunidad. A cuatro días del hecho, hubo un avance en la causa: la Policía demoró a un sospechoso que reunía características similares a las aportadas por la víctima.
Sin embargo, tras una rueda de reconocimiento, la joven no lo identificó como su agresor y el hombre fue liberado.
La investigación continúa bajo la órbita del Juzgado de Instrucción de turno y la Policía de Santa Cruz.
El ataque: entrenamiento que terminó en pesadilla
El hecho ocurrió el lunes 9 de febrero por la tarde. Nazarena Gallegos entrenaba por la zona cuando, según relató en redes sociales, un hombre la abordó por detrás, la sujetó del cuello e intentó forzarla hacia el suelo.
Pero no se quedó paralizada.
Le dio un codazo y salió corriendo hacia una garita policial para pedir ayuda. El agresor la persiguió varios metros, aunque no logró alcanzarla.
En ese momento hubo rastrillajes en el sector, aunque sin resultados positivos. Desde entonces se intensificaron patrullajes, incluyendo intervención del Grupo de Operaciones Motorizados (GOM).
“Estoy acá y estoy con vida”
En diálogo con La Opinión Austral, Nazarena habló del impacto emocional tras el ataque.
Contó que tuvo angustia al pensar lo que podría haber ocurrido, dolores físicos posteriores y dificultades para dormir. Pero también dejó un mensaje claro: no quiere lástima.
“Ya pude ir a trabajar. No quiero que la gente me tenga lástima porque estoy acá y estoy con vida”, expresó.
Y redobló la apuesta: en abril correrá el Patagonia Run, la competencia de trail y ultratrail más grande de América.
“Voy a seguir entrenando porque tengo una carrera muy larga y si yo no entreno nadie lo va a hacer por mí. Cabeza fría y a seguir”, afirmó.
Comunidad en alerta
El caso volvió a poner sobre la mesa la seguridad en espacios abiertos donde muchas personas entrenan o realizan actividad física.
Mientras la investigación continúa, el mensaje que deja Nazarena no es de miedo, sino de resiliencia.
En una Patagonia donde el viento no afloja, ella tampoco.

